Cuarteto Castalian | Crítica Intensidad lírica de Brahms

El Cuarteto Castalian interpretó música de Brahms. El Cuarteto Castalian interpretó música de Brahms.

El Cuarteto Castalian interpretó música de Brahms. / Kaupo Kikkas

Resulta absolutamente incomprensible que un ciclo tan extraordinario como el de Andalucía Clásica, que se ofrece a precios irrisorios (¡incluso gratis para los estudiantes menores de 26 años!), convoque a tan pocos espectadores, apenas un centenar en una apacible y templada tarde otoñal como la del miércoles. El jovencísimo Cuarteto Castalian vino desde Londres para deslumbrar con un poderoso programa brahmsiano.

Ya en el arranque del Op. 51 nº2 se apreció la calidad del conjunto: empaste impecable, afinación impoluta, profundidad de sonido. El lirismo de la obra no está reñido con su tono más bien depresivo ni con sus pasajes luminosos (esplendentes en el Andante) o los arranques ardorosos y dramáticos, como en un Finale de aires folclóricos. El Castalian lo entendió así y ofreció una interpretación extraordinariamente contrastada, llena de claroscuros, conseguidos a través de una asombrosa capacidad para variar las dinámicas hasta en sus más nimios detalles y en un notabilísimo equilibrio tímbrico, que le permitió moverse con inusitada soltura en las continuas variaciones de texturas que recorren la obra.

Con la colaboración del viola madrileño Pablo Hernán Benedí, el Castalian incluso potenció el carácter tornasolado de su sonido en el Quinteto Op.111. La obra empezó de manera radiante y mantuvo su intensidad, su vigor, su equilibrio y su bella plasticidad en el manejo del tempo hasta un movimiento final, otra vez de rasgos húngaros, que se expande a partir de un motivo expuesto por la primera viola y en el que las voces medias destacaron de manera imponente.

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