Javier Valverde, raza y torería, sale a hombros en Salamanca

El Cid corta una oreja a su segundo toro y El Fandi es ovacionado en su lote · Los toros de Valdefresno resultaron mansos, mansones y muy toreables

Javier Valverde sufrió una tremenda voltereta en su primer toro.
Javier Valverde sufrió una tremenda voltereta en su primer toro.
J. M. Núñez (Efe) / Salamanca

18 de septiembre 2008 - 05:00

Dos orejas con salida a hombros fue el balance de Javier Valverde, triunfador de la corrida en Salamanca, en la que también El Cid obtuvo un trofeo. Toros nobles, pero en el límite de las fuerzas, y algo mucho peor, muy justos de raza. Corrida, por tanto, cuya principal exigencia era superar la frialdad, la falta de emoción impuesta por los propios toros. Dicho de otra manera más clara, había que ser muy buen torero para interesar y triunfar con estos toros. Por eso El Cid se llevó el gato al agua en el único toro bueno que tuvo, el cuarto, con el que alcanzó un triunfo con todas las de la ley. No hay duda de que El Cid es un buen torero. Al Fandi le ocurrió lo contrario, quedando en evidencia cuando muleteó al segundo, cuya sosería acabó imponiéndose en la faena. Y Javier Valverde demostró que es algo más que un torero valiente, aprovechando al máximo lo poco que duró su primero y remontando también con el apagado sexto, amén de lo contundente que estuvo en ambos con la espada.

El primero fue el más manso de la tarde, rematando los viajes con la cara arriba y pendiente siempre de la querencia. Se fue dos veces a tablas con descaro, y por mucho que quiso El Cid, la faena fue imposible. El cuarto fue un buen toro, templado y con clase, al que El Cid lanceó con buen gusto a la verónica, toreando después a placer con la muleta. Series de mucha parsimonia y prestancia, creciendo progresivamente en número de pases, todos muy templados y por abajo, magníficamente engarzados. Faena de muy bella apostura por parte del torero, siempre muy reunido con el toro. Hubo estocada y descabello, y oreja de peso.

Al Fandi le sobraron las dos faenas de muleta. Anduvo variado y con acierto en los dos primeros tercios. Las consabidas largas de rodillas y las banderillas que también acostumbra. Carreras y pares de mucha vistosidad apoyándose en unas extraordinarias facultades, clavando siempre muy certero. Mejor si hubiera acabado ahí, porque con la muleta bajó mucho. Dicho sin rodeos, nada de lo que hizo en el último tercio el granadino tuvo interés. Para colmo en el quinto se hartó de dar el paso atrás.

A Valverde le sorprendió su primero en el primer muletazo. Volteretón de órdago, del que salió maltrecho, pero milagrosamente sólo con una herida cerca del párpado. Asistido en el mismo ruedo, se recuperó, aparentemente, para ir de nuevo al toro con el ánimo intacto. La faena tuvo el sello de raza y el aroma del buen toreo. Lástima que el animal se apagara pronto. Aún así fue suficiente para que Valverde cortara su primera oreja.

Las apagadas embestidas del sexto no impidieron que Valverde se plantara en la Puerta del Toro como llaman en Salamanca a la Puerta Grande. Fue faena inteligente, midiendo mucho los tiempos y espacios que necesitaba el toro, y de gusto en la interpretación. Para que no hubiera duda, en la estocada final salió el toro patas arriba.

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