Cultura

Juan Carlos Lérida: liturgia de la carne

  • El bailaor cierra su trilogía sobre 'Los cuerpos del flamenco' con 'Al baile', una obra que presenta en el Mes de Danza e interpreta en la Sala Manuel García

Juan Carlos Lérida (a la derecha) junto a Gilles Viandier y David Climent en una imagen de 'Al baile'. Juan Carlos Lérida (a la derecha) junto a Gilles Viandier y David Climent en una imagen de 'Al baile'.

Juan Carlos Lérida (a la derecha) junto a Gilles Viandier y David Climent en una imagen de 'Al baile'. / daniel karsch

En los últimos años, el bailaor Juan Carlos Lérida había encontrado en la trilogía Los cuerpos del flamenco, compuesta por los espectáculos Al toque (2011), Al cante (2014) y Al baile (2016), una plataforma para continuar la dirección seguida hasta ahora, un camino en el que este intérprete de familia sevillana pero nacido en Alemania cuestionaba los conceptos establecidos y combinaba la investigación y el rigor con la valentía para arribar a territorios inexplorados. Lérida había dejado para el cierre de esa trilogía el espectáculo que le planteaba el mayor desafío y le obligaba a hurgar en las entrañas de su oficio. "Tenía que mirarme a mí y a las personas de mi gremio, y eso volvía Al baile la parte más complicada", reconoce este creador sobre una obra que se verá hoy y mañana, dentro de la programación del Mes de Danza, en la Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza. "Podía vivir la corporalidad del toque y del cante desde un análisis más objetivo, pero adentrarme en el baile, en el baile flamenco en particular, me afectaba más", admite.

Entre otras preguntas que le inquietaban, el coreógrafo, profesor en el Institut del Teatre de Barcelona y un nombre habitual del Mercat de Les Flors, donde ha coordinado el ciclo Flamenco empírico, se interrogaba " cómo recuperar la espontaneidad dentro del baile". Entendió que para trascender de nuevo los límites debía implicar a "cuerpos que no estuviesen entrenados en el flamenco", y los encontró en Gilles Viandier, arquitecto que se apartó de su vocación inicial para hacerse bailarín, y David Climent, actor e integrante de Los Corderos, los otros dos vértices que conforman el reparto de este montaje. Al primero lo tuvo, "hace cuatro o cinco años", como alumno en un curso. En un principio, su ignorancia de los códigos del flamenco supuso un problema para el desarrollo de las lecciones. "Era un cuerpo formado en danza, que conocía sus tensiones y sus distensiones", recuerda Lérida, "pero le costaba asimilar algunas nociones y eso, paradójicamente, me colocó en una posición interesante como profesor. Pensé que no podía obligarlo a que copiara lo que pudiese, y fue bueno para mí porque me hizo preguntarme por mi metodología, pero también para todos los que participaban en el curso: ocurrió que al final, en los movimientos de Gilles, descubríamos dónde estaban las cosas esenciales del flamenco", rememora. Una colaboración puntual le reveló que Climent también podía ser un aliado con el que crecer. "En otra de mis obras, Bailografía, dejo una última escena para invitar a artistas amigos, a artistas que me gustan, y para esa parte alguien me propuso a David. Nos tomamos un café y al día siguiente estaba conmigo en el escenario", cuenta el bailaor. "Aquello fue muy positivo, y decidí reclutarlo para el proceso de Al baile. David me aportaba una actitud gamberra, una crítica de ciertas cosas del flamenco que a mí me interesaba, yo le decía que él lanzaba su cuerpo a la batalla y eso conectaba con ciertas dinámicas en las que yo investigo, con mi idea del flamenco empírico, que consiste en experimentar las cosas y en la propia experiencia tener las respuestas".

El coreógrafo prepara una propuesta que consiste en 12 horas de improvisación

Cuando preparaba Al baile con el dramaturgo Roberto Romei y el autor del espacio sonoro Jordi Collet, ambos viejos conocidos en su trayectoria, Lérida concibió inicialmente una propuesta despojada de música en la que fueran simplemente los cuerpos los que aportaran el ritmo. "Pero en la creación cambié de idea", señala. "Si en las anteriores obras recurría a los estándares musicales de la guitarra y el cante, aquí quise coger algunos estándares de la música de baile, ya no sólo flamenca", dice sobre un espectáculo en el que suenan "desde La consagración de la primavera de Stravinski al Stayin' Alive de los Bee Gees, a un registro más tecno que me obliga más al movimiento", piezas en las que el coreógrafo encuentra entre otros motivos una vinculación con la carne y el cuerpo.

Si en Al toque el vestuario optaba por el blanco, y en Al cante los figurines se decantaban por el azul, ahora es el rosa el color elegido. "Siempre pensé para el baile en el rosa. Hablamos de las carnes rojas, pero yo las veo con tonos rosados. Y eso casaba además con las teorías de género, porque es un color que se ha limitado sólo a las niñas y que servía para reflexionar sobre el flamenco y esa heteronormatividad tan presente en su pedagogía. Ese rosa era una forma de trabajar con el contraste; también tenía que ver con el animal que se llama así, flamenco. Y el rosa es una degradación del rojo, ese color de la pasión, de la fuerza. Me atraía coger eso y quitarle grados".

Al bailese estrenó en el Mercat de Les Flors en octubre, y Lérida ya prepara un nuevo proyecto. El bailaor, que ha colaborado a lo largo de su carrera con creadores como Belén Maya, Olga Pericet, Marco Vargas y Chloé Brûlé, busca alianzas para la aventura en la que se ha embarcado y que le llevará a improvisar durante 12 horas. "Estoy pensando en habitar espacios no escénicos, ya sean vecindarios o barrios donde haya teatros o no, y para ello me estoy reuniendo con artistas de diferentes ámbitos... Quiero congregar a los diferentes flamencos empíricos que he ido conociendo, gente que puede estar en Montreal o en Sevilla", adelanta.

Lérida asegura que no posee "una educación demasiado religiosa", pero el nuevo proyecto, que girará alrededor del número 12, tomará la imagen de Jesús con los apóstoles y el momento de la Última Cena para reflexionar sobre asuntos como el magisterio, el sacrificio o la muerte. "En el flamenco está muy arraigado eso de tener un maestro, por eso me interesa que este trabajo se pregunte sobre a quién sigues, qué tienes que transmitir. Siento que tras acabar esta trilogía acabo algo y empieza otra etapa, y eso me lleva a la idea de la muerte. Entiendo las muertes como una transformación, en mi vida he tenido muchas. Empecé a bailar con cuatro años y ahora tengo 46, son 42 años en esto. En cierto modo fue una muerte cuando tenía 18 años y me acerqué a la danza y al teatro contemporáneos, o cuando me vine a Barcelona a empezar otra etapa".

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