Justo Navarro | Escritor "Las falsas noticias son un arma política desde que existen la política y la mentira"

  • El granadino regresa con 'Petit Paris', una nueva historia protagonizada del comisario Polo, esta vez en el París ocupado, donde el autor conjuga novela negra y de espionaje con fina literatura

El escritor Justo Navarro (Granada, 1953). El escritor Justo Navarro (Granada, 1953).

El escritor Justo Navarro (Granada, 1953). / Andreu Dalmau (Efe)

Justo Navarro (Granada, 1953) fue un lector avispado desde niño. Empezó con Historias, una colección de novelas y tebeos adaptados a críos de la mítica editorial Bruguera. Después cayeron en sus manos los cuentos policiacos seleccionados por Hitchcock que publicaba la Gaceta Ilustrada, a la que estaba suscrita su padre. "Las primeras cosas que escribí estaban copiadas de ahí", recuerda. El autor no ha dejado de cultivar su amor por el género negro. Muestra de ello es Petit Paris (Anagrama), donde el noir y la novela de espionaje hilados por una fina literatura marca de la casa. La obra, ambientada en el París ocupado por los nazis, la protagoniza un detective Polo 20 años más joven que el de Gran Granada.

–Arranca Petit Paris con una cita de Shakespeare: "Nosotros, unos pocos, los pocos felices, una banda de hermanos". Espías, comisarios y falsificadoras ocupan sus páginas. ¿Metería a todos en el mismo saco?

–Los personajes de Gran Granada pertenecían al círculo muy restringido de los poderosos de la ciudad en 1963: esa era la Gran Granada. En Petit Paris el círculo cerrado lo forman policías y colaboradores de la policía ligados a los servicios consulares de la España franquista en el París nazi de 1943. Sí, todos comparten el mismo mundo pequeño.

–¿No cree que a todos les mueve la codicia, su bienestar?

–Si a algunos los mueve la codicia, a todos los mueve el instinto de sobrevivir en un momento difícil: se descomponía el bando que hasta entonces habían defendido con más o menos claridad. Los alemanes empezaban a perder la guerra en Stalingrado, a finales de 1942.

–Polo no encarna precisamente el arquetipo de comisario. ¿Por qué ese halo de antihéroe?

–Polo es un superviviente. No quiere hundirse, como todo el mundo. Ha servido con honor a la monarquía, a la República, al franquismo. Rodeado de franquistas, su única ideología es la humilde intención de sobrevivir sin mancharse demasiado.

–¿Se lo imagina en 2019?

–Sería un fantasma o le habría vendido su alma a un demonio, quién sabe si de la nobleza o de la banca. Tendría cerca de 120 años. Estaría investigando grabaciones de conversaciones entre altas personalidades, registradas por colegas suyos, comisarios de policía.

–Describe a la perfección un París negro y lleno de sombras.

–Leí día por día y página por página todos los periódicos parisinos entre marzo y abril de 1943, con desplazamientos a enero y febrero. Y he leído testimonios de personas que vivieron esa época, desde Ernst Jünger a Victoria Kent. Por otra parte, conozco París, pero el de hoy, claro.

–¿Una sociedad vale por lo que se cuenta de ella en las páginas de un periódico?

–Un periódico suele ser como la caligrafía de una persona, si es verdad eso que dicen de que revela el carácter de los individuos: por muy manipulado y censurado que esté un periódico, muestra el carácter de la sociedad para la que se publica.

–Critica el papel de los periodistas, a los que trata de meros propagandistas. ¿Esa connivencia entre el periodista y el poder ha existido siempre, no? ¿Y fake news también, ¿verdad?

–No critico. Digo lo que he visto. Leí Ideal y Patria, los periódicos de Granada de 1943, y comprobé que las noticias sobre el frente ruso y la guerra en el norte de África coincidían con las noticias que se publicaban en París: los periodistas internacionales a los que me refiero trabajaban para los estados mayores de Alemania e Italia, o de Hitler y de Mussolini, si lo prefiere. Creo que, hasta hoy, la cosas no han cambiado mucho. En las guerras actuales las noticias suelen ceñirse a las necesidades del bando al que se pertenece. Las falsas noticias han sido un arma política desde que existen la política y la mentira.

–¿Cómo deja volar la imaginación cuando tiene que ceñirse a una ciudad en concreto, en un periodo histórico determinado?

–He ido siguiendo lo que me sugería la lectura de los periódicos. En Gran Granada hice lo mismo con los periódicos de 1963. No tengo toda la novela en la cabeza cuando empiezo a escribir: la voy descubriendo página a página. Es como conducir de noche: los faros encendidos van revelando el camino.

–¿Somos nuestros peores enemigos al estar continuamente filtrando información en redes sociales, a cambio de sacrificar parte de nuestra privacidad?

–Polo ya preveía en Gran Granada la función del móvil como vigilante incorporado al cuerpo. No estoy en ninguna red social, sólo uso el correo. Pero creo que la gente sabe lo que hace, incluso cuando no quiere saberlo. Entiendo que cree que el sacrificio de la privacidad vale la pena, y no sé si ve la privacidad como un derecho o como una lata: a lo mejor la exhibición y el espionaje son más divertidos.

–Me dijeron que no tenía móvil. Debe de estar en la gloria...

–No tengo móvil, pero no sé si estoy en la gloria (no sé lo que es estar permanentemente acompañado por un móvil) o en babia. A veces echo en falta un móvil, porque han desaparecido los teléfonos públicos de todas partes. Lo privado es lo que manda: cada uno con su teléfono en el bolsillo como si fuera un espejo de mano: ¿gusto o no gusto?, ¿me quieren?, ¿no me quieren?, ¿me han mandado un Whatsapp?, ¿la foto del plato que se están comiendo?

–Su novela se ambienta en un París nazi. ¿Se utiliza con ligereza la palabra fascista hoy día?

–Creo que se utiliza para no pensar las cosas. Dices fascista y te ahorras ver el fondo de las situaciones reales de ahora mismo. El fascismo tiene su historia, que acabó hace tiempo, y tuvo sus bases sociales y una manera de actuar que se distingue de los modos de los derechistas radicales de hoy.

–¿Le asusta el auge de la ultraderecha en nuestro país y, en general, en Europa? ¿Y la radicalización del discurso del PP frente a Vox, qué le parece?

–La gente de Vox que conozco estaba antes en el PP, como bastante gente de Ciudadanos. Digamos, usando el vocabulario de los economistas afines a ese mundo, que el PP ha externalizado servicios. No me asusta el auge ultraderechista: me asusta quienes están detrás, quienes lo sostienen logísticamente, que no sé quiénes son.

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