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Regresa la lluvia a Sevilla

Mar Solís juega con la luz y las sombras en El Viajero Alado

La escultora expone en la galería de Lebrija mientras prepara sus próximas muestras en Valencia y en Buenos Airesl 'Bajo la sombra de un sol roto'. Mar Solís. El Viajero Alado (calle Arcos, 27, Lebrija). Cita previa en el telf. 629555896.

Mar Solís (Madrid, 1967) vuelve a utilizar la madera tras una etapa investigando con el acero.
Braulio Ortiz / Sevilla

21 de abril 2011 - 05:00

La madrileña Mar Solís ya mostró en Sevilla la expresividad de su escultura en 2008, cuando la galería Full Art, rebautizada este año como Alarcón Criado, le dedicó una exposición. Ahora, esta artista en alza que en los próximos meses llevará su obra al Museo Sívori de Buenos Aires y al Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) indaga en el trasvase de la línea a las tres dimensiones en una muestra en El Viajero Alado, la tercera que este espacio abierto recientemente en Lebrija programa tras las centradas en las creaciones de Fernando Bellver y Juan Alcalde.

Bajo la sombra de un sol roto supone el regreso de la autora a la madera tras una etapa investigando con el acero y el hierro, aunque más allá del material que elige, Solís se mantiene fiel a su proceso de trabajo: busca materializar con el lenguaje de la escultura las líneas que previamente ha dibujado en un papel. El simbolismo de sus propuestas oscila entre lo grácil y lo inquietante, aunque para su artífice las esculturas a las que da forma son "agresivas, desgarradoras y llenas de dolor". Un conjunto que adquiere nuevas lecturas en su exposición a la luz. "Estoy obsesionada con las sombras que arrojan mis obras, el tratamiento que les da la luz natural", afirma la madrileña.

Solís, que se encuentra en una etapa particularmente fecunda de su trayectoria, en la que se enfrenta a "las piezas soñadas" y aborda "grandes dimensiones", reúne de nuevo sus creaciones bajo un título sugerente, esta vez Bajo la sombra de un sol roto. "Me gusta la literatura como inspiración y no puedo evitar incluso rozar lo cursi con los nombres que pongo a mis exposiciones", admite con modestia.

La madrileña sabe que la escultura es un amor difícil, una dedicación a la que otros con una mirada más práctica han renunciado. "Me siento como uno de los últimos dinosaurios", confiesa, antes de apuntar las razones. "La escultura es algo que te tiene que conquistar, como le ocurre a alguien que escriba poesía. Y la crisis se ha notado mucho en este ámbito. Es muy caro fabricarla y eso repercute en el precio de venta; el espacio está muy cotizado y cada vez es más complicado que haya sitio para la escultura. Pero yo soy de las que piensa que tienes que seguir a tu corazón con los ojos cerrados, y que una no está en el arte para hacerse rica". Solís maneja como referencias los ejemplos de Martín Chirino, Eduardo Chillida, Jorge Oteiza o Eva Lootz, y con esos maestros como ejemplo sabe que un creador debe buscar sus propios códigos, perseguir la excelencia, sin desvivirse por el impacto que su trabajo causa en el mercado.

La artista puede contemplar con orgullo, en todo caso, el camino recorrido hasta ahora: su obra se ha visto en países tan diversos como Portugal, Siria, Estados Unidos, Argentina, Corea del Sur o México, su nombre es una presencia habitual en Arco, y en el horizonte esperan Buenos Aires, una ciudad de la que está "absolutamente enamorada" y en la que expone a partir de junio, y Valencia, donde su producción artística se verá a partir de noviembre. Dos destinos que le impulsan a concluir que, pese a las limitaciones que impone la situación económica, ella ya tiene ante sí "un lujo, poder viajar gracias a mi trabajo". De su paso por Lebrija, la autora agradece el entusiasmo de Bruto Pomeroy, el responsable de El Viajero Alado, alguien "tremendamente creativo" que "hace partícipe a todo el mundo del proyecto".

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