Melodrama extremo de autor
Asuntos familiares | Crítica de cine
La ficha
* 'Asuntos familiares'. Drama. 2022 Duración:108 min. País: Francia. Dirección: Arnaud Desplechin. Guion: Arnaud Desplechin, Julie Peyr. Música: Grégoire Hetzel. Fotografía: Irina Lubtchansky. Reparto: Marion Cotillard, Melvil Poupaud, Golshifteh Farahani, Patrick Timsit, Benjamin Siksou, Max Baissette de Malglaive, Saverio Maligno, Cosmina Stratan.
La ya larga carrera de Arnaud Desplechin tiene una gran regularidad formal y temática que lo definen como un autor y una igualmente grande irregularidad en cuanto a resultados quizás propia de quien asume riesgos, quizás propia de quien a veces parece apuntar más alto de lo que sus talentos le permiten llegar, quizás -es lo más seguro- las dos cosas a la vez.
Asuntos familiares es un regreso a su universo más cerrado, el de las relaciones familiares complejas, enrarecidas y tóxicas. Está en la línea del documental sobre su propia familia La amada (hay una escena en esta película que la recuerda), Reyes y reinas y Un cuento de Navidad (también centrada en el conflicto familiar aún más ennegrecido por la enfermedad y la muerte) al enfrentar -siempre con la enfermedad y la muerte como convocantes y/o detonantes- a dos hermanos que se odian con una fuerza que excusa de saber el motivo. Es un odio que se basta a sí mismo.
Como el cine de Desplechin es muy de los ricos (y los intelectuales) también lloran, ella es una actriz teatral (lo que le sirve al director para dar un codazo cómplice que alude a Los muertos de Joyce en versión de Huston) amargada y llena de odio no se sabe muy bien por qué y él un profesor y escritor igualmente agrio y amargado, aunque en su caso con causa justificada.
El problema mayor de la película es que el conflicto entre los hermanos no logra traspasar la pantalla para interesar a los espectadores. Su habitual infatuación estilística le resta la emoción o intensidad que sí le dan, hasta donde pueden, los registros extremos que sabe extraer de sus intérpretes: una excelente Marion Cotillard, un muy buen Melvil Poupaud y una soberbia Golshifteh Farahni que convierte en principal su papel secundario. El problema es que la sobreactuación de Desplechin como director pagado de sí mismo lleva sus actuaciones no pocas veces al borde del ridículo.
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