Millás considera que "la realidad produce cuentos, no novelas"

El autor valenciano presentó ayer en Sevilla 'Los objetos nos llaman', una selección de 75 relatos

Millás, ayer en una de las salas del Rectorado.
Patricia Godino / Sevilla

18 de diciembre 2008 - 05:00

Lo misterioso acecha a la vuelta de la esquina. Eso cree Juan José Millás (Valencia, 1946), que ayer presentó en un encuentro con periodistas en el Rectorado de la Universidad de Sevilla Los objetos nos llaman (Seix Barral), una selección de 75 cuentos que ha escrito durante la última década y que conforman "una novela oculta". Para el valenciano, hay dos formas de hacer un libro de cuentos: "Colocarlos unos tras otros o coserlos de tal forma que hablen entre sí". Millás, que se confesó obsesionado por "la unidad narrativa", ve este nuevo libro "como calles estrechas de un centro histórico europeo que conforman una ciudad, como una pequeña Venecia llena de canales".

Esta recopilación de narraciones breves -"brevísimas, no se puede aplicar una mayor economía narrativa", dijo- se articula en dos partes: Los orígenes y La vida. En la primera da rienda suelta a su memoria para narrar historias de la infancia, el colegio, la juventud y su relación con los padres, sobre todo con su madre, aspecto que se deja notar en relatos como Los placeres del taxi, Aceite de ricino y mística o La mejor tarde de mi vida. "Las madres están llenas de contradicciones pese a que las veamos como seres omnipotentes. A mí me costó muchos años ver a la mía como un ser frágil", confesó. En la segunda, La vida, se acerca a historias de adultos protagonizadas por "los niños de la primera parte del libro, que han crecido", conclusión a la que llegó en la relectura que realizó para componer la obra definitiva.

Y en ambas partes, el autor confiesa que late "mucha carga autobiográfica" a través de objetos cotidianos porque, según él, "la realidad produce cuentos, no novelas". En esa tendencia a descubrir lo raro en las distancias cortas se encuentra sorpresas: maniquíes que sudan, pollos que aparecen enterrados en maceteros o delirios llenos de sensatez. "Lo raro no está en lo esotérico. Para mí no hay nada más extraño que una mesa camilla o una sopera", ejemplificó Millás que ha querido que en cada relato hubiera un "objeto fetiche".

Quizá ese fetiche lo encuentre a partir de ahora en su novela El mundo, Premio Planeta en 2007 y Nacional de Narrativa este año. "No tengo una relación de vanidad con los premios. Me alegro por mis libros porque así tendrán una vida más larga y es una forma de acercar a nuevos lectores", reflexionó el periodista, que se dio a conocer con La soledad era esto, Premio Nadal 1990. Con la edad ve su obra como el conjunto de piezas de un puzzle, "por eso soy cauto a la hora de hablar de obras menores. Sin estos cuentos habría sido incapaz de afrontar El Mundo", un libro que, junto a su labor como articulista en un género que ha bautizado como articuentos, le ha llenado de satisfacciones.

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