Murillo, en el incendio de la fe

El Cabildo catedralicio reivindica al pintor piadoso y de fuertes convicciones religiosas en una muestra que gira alrededor de la colección de obras del artista que posee el templo metropolitano.

Juan José Asenjo, Teodoro León Muñoz, Ana Isabel Gamero y  Joaquín de la Peña, durante la presentación de la muestra.
Juan José Asenjo, Teodoro León Muñoz, Ana Isabel Gamero y Joaquín de la Peña, durante la presentación de la muestra. / Efe
José María Rondón

Sevilla, 08 de noviembre 2017 - 07:47

Conviene imaginar a Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) como almirante de la pintura sevillana del siglo XVII. Devoción de canónigos, reclamo de mercaderes, maestro sin alcance. Rico, piadoso y admirado en vida, se ha revelado como un artista gigantesco, complejo, sabio, exigente a los siglos de su muerte. Patrón de uno de los talleres más activos de la época en la ciudad, aparece ahora como un creador sideral capaz de asumir él solo el peso de la tradición y convertirse en eco del futuro. Murillo lo fue casi todo en el arte de su tiempo.

Su obra es de tan amplia capacidad de aventura que sigue siendo motivo de revisión en la munición de actos y exposiciones que se dispone a celebrar en pocas fechas en Sevilla el cuarto centenario de su nacimiento. Y por ahí va a incidir la Catedral con una exposición que pone de nuevo en marcha el mito de este artista tirando de su estrecha vinculación con el templo metropolitano. Porque allí rezó, restauró, pintó y triunfó en una ciudad donde, pocos años atrás, Velázquez ya había bajado todos los telones, menos el de Murillo.

"Cuesta trabajo encontrar a un artista en toda la historia que tuviera una relación tan estrecha con la Catedral", señaló ayer el deán-presidente del Cabildo, Teodoro León Muñoz, en el acto de presentación de la exposición, al que asistió el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo. Se trata, en definitiva, de acercar a los visitantes la producción del pintor que se conserva en el templo -casi toda se salvó del expolio, si bien hubo pérdidas notables como El nacimiento de la Virgen, hoy en el Louvre-. Y hacerlo, además, en los emplazamientos originales elegidos por el artista.

Así, Murillo en la Catedral. La mirada de la santidad reunirá -desde el 8 de diciembre y durante un año- un total 16 obras del pintor, entre las que se incluye el lienzo del Palacio Arzobispal La Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo, ejecutado hacia 1638-40 y considerado uno de sus primeros trabajos. El itinerario diseñado por los comisarios Ana Isabel Gamero y Joaquín de la Peña transcurrirá por el trascoro y la capilla de San Antonio, la Sacristía Mayor, el Patio del Mariscal y la Sala Capitular, ese pequeño recinto diseñado por el arquitecto Hernán Ruiz II que viene a ser el corazón en curva de la Catedral.

Para tal fin, el Cabildo Catedral ha reparado pavimentos y ha mejorado la iluminación de los distintos espacios y piezas. También se pondrá al alcance de los visitantes reproducciones en alta resolución -bien de la obra al completo, bien de algunos detalles- de aquellos lienzos que estén en altura. "Lo que se va a ver no es sólo una pintura de caballete, sino que pretende transmitir la fe a través del arte. Con esta propuesta, hemos intentado realzar aún más la misión evangelizadora de cada tela", explicó Gamero, conservadora de los bienes muebles del templo metropolitano.

En esta línea, la muestra pondrá especial énfasis en el pintor de imágenes devocionales. Así se incluirán, entre otros, el retrato de San Fernando (1671), que fijó la iconografía del rey santo; los lienzos de San Isidoro y San Leandro, pintados en 1655 para la Sacristía Mayor, y La visión de San Antonio (1656), obra que será intervenida por diversos daños en el marco y en la parte inferior. Inicialmente, no estarán El Ángel de la Guarda (1665) y el retrato de Sor Francisca Dorotea (1674), ya que se han cedido para las primeras exposiciones del Año Murillo.

Pero el músculo que promete esta exposición del templo metropolitano no es sólo el trabajo del pintor, sino el ejercicio de exploración realizado en los Archivos Capitulares y la Biblioteca Capitular Colombina. Este rastreo ha permitido, por ejemplo, confirmar la participación de Murillo en la restauración -"labores de aderezo", recoge textualmente el documento- de la Sala Capitular. También se expondrán, entre otros, libranzas de pagos, el expediente matrimonial del pintor y los grabados realizados para el libro de Torre Farfán sobre las celebraciones por la canonización de Fernando III.

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