OJA. Heras-Casado | Crítica Un debut tardío y una orquesta reluciente

Pablo Heras-Casado al frente de la OJA en el Maestranza Pablo Heras-Casado al frente de la OJA en el Maestranza

Pablo Heras-Casado al frente de la OJA en el Maestranza / Juan Carlos Vázquez

Hace algo más de diez años estuvo en el Teatro Central dirigiendo al Klangforum Wien, pero incomprensiblemente Pablo Heras-Casado (Granada, 1977), el más internacional de los directores españoles de la última década, no había pasado aún por el podio del Maestranza. Lo ha hecho para ponerse al frente de la OJA. Curtido durante años en el trabajo con jóvenes, el granadino no desaprovechó la ocasión para dejar imagen de maestro enérgico, con carácter y cosas que decir. Su gesto es siempre muy claro, aunque no necesariamente ortodoxo; ni falta que le hace, porque tiene la capacidad para resultar tan expresivo para el público que lo ve como motivador para el profesor que debe seguirlo.

Los jóvenes de la OJA parecieron disfrutarlo de principio a fin. Cierto que la Suite de Cascanueces empezó con alguna indecisión en los violines, que las maderas flaquearon en el arranque de la Titán y que hubo alguna entrada no del todo precisa, pero la impresión general es la que viene dando la orquesta en los últimos años, la de un conjunto muy bien trabajado, con un sonido equilibrado, empastado y brillante (el entusiasmo ya se le supone).

Acaso con la excepción de una Danza china algo sosa, Heras-Casado hizo mágica la sucesión de números del Cascanueces, que basó en un juego de enorme plasticidad con las agógicas y las dinámicas, culminado con un Vals de las Flores de sonoridad amplísima, profunda y clara.

Con Pedro Halffter, la OJA se ha acostumbrado a tocar a Mahler en los últimos años. Heras pareció plantear la Titán desde su final, que resultó de un extraordinario dramatismo en la resolución de las tensiones acumuladas desde un primer movimiento calmo, llevado de forma muy dinámica al clímax y caído luego en un pequeño bache de intensidad. Intensísimo fue en cambio desde el arranque el Scherzo, con un trío muy refinado. Acaso al tiempo lento le faltó un punto de acidez, en especial en los momentos en que esa banda de klezmer se cruza en medio de la marcha fúnebre en los que la orquesta sonó demasiado bonito. El final arrancó con un sobrecogedor crujido de dolor y fue acumulando tensiones en sus detalles y sus perfiles hasta una coda de trágico aliento.

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