La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La ojana de la política piadosa
El presidente de los Estados Unidos se fotografía en su despacho con pastores evangélicos que rezan mientras le imponen las manos. Puro exhibicionismo, cultivo de la fachada piadosa, propaganda de la imagen en la sociedad de las emociones, de la dictadura del instante, el minuto, el zasca. Mañana amanece y ya veremos el pescado que subastamos en la lonja de la perpetuación del poder. Hay que humanizar la política, dijimos. Y nos pasamos de rosca, porque estamos en el exceso, en vender al padre y a la madre si es preciso con tal de sobresalir y de sobrevivir. Vayamos a rezar con unos señores aunque incurramos en el más absoluto de los ridículos. Los líderes evangélicos ofrecieron oraciones pidiendo guía, sabiduría y protección. Todo con focos, claro. La reunión fue organizada con la participación de la Oficina de Fe de la Casa Blanca e incluyó a prominentes figuras evangélicas. ¿Se imaginan una Oficina de la Fe en la Moncloa? Aquí lo más parecido lo vivimos cuando el avieso presidente Zapatero participó en el Desayuno Nacional de Oración en Washington en febrero de 2010, invitado por Barack Obama por la presidencia española de la UE. El hoy presidente Sánchez no acude al funeral por las víctimas de la pandemia en la Catedral de la Almudena, ni tampoco al presidido por el obispo de Huelva por las víctimas de la tragedia de Adamuz. En los dos casos manda a banderilleros. Muy bien, nada como la libertad de acudir o no a los sitios, como la libertad de los demás de interpretar las ausencias o presencias que se deciden según la conveniencia.
Aquí unos y otros juegan a mantenerse en el machito. La gran verdad es que todo es mentira. Incluso cuando se humanizan están interpretando un papel desde el momento en que buscan una difusión masiva. Trump es un fantoche cuando se deja retratar con las manos impuestas, pero demuestra conocer la sensibilidad del pueblo al que se dirige. Equilibra su imagen de botarate, impulsivo, chulo de repartidor de fichas de las atracciones de los coches locos y de hombre adinerado que está pasado de rosca y, por lo tanto, no se limita por los elementales filtros de decoro. Estábamos hartos de los políticos en escenas de supuesta faena, con sus camisas blancas remangadas, el nudo de la corbata aflojado y el lápiz fluorescente en la mano, cuando nos llega la ojana del Trump orante. Preparados en Andalucía, que estamos a dos semanas de tambores y cornetas. Trump no crea estilo, pero los tiene desatados, impone estilo y provoca imitaciones. Todos a las plegarias. Política piadosa. Al menos en el Despacho Oval no había líderes católicos. Tomen nota.
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