Orthodox en el centro de la llama
Crítica de Música
ORTHODOX. Femás 2016. 'Oficio de tinieblas'. Intérpretes: Marco Serrato (contrabajo y bajo eléctrico), Borja Díaz (batería), Alejandro Rojas-Marcos (clavicordio y teclados), Gustavo Domínguez (clarinete bajo, saxo alto, clarinete), Carlos Pérez (guitarra eléctrica). Lugar: Teatro Alameda. Fecha: Martes 1 de marzo. Aforo: Casi lleno.
El dúo sevillano Orthodox se incorporaba el martes al programa del Femás. La polémica venía servida y, digamos, avivada por la organización del festival; el resultado, de la mano de músicos como los polifacéticos Marco Serrato y Borja Díaz, a los que se sumaron el clave de Alejandro Rojas-Marcos, los vientos de Gustavo Domínguez y la guitarra eléctrica de Carlos Pérez, no podía ser sino enriquecedor y coherente con un cartel que en esta edición se propone explícitamente enlazar el ámbito de la música antigua con otros registros dispares y variadas disciplinas artísticas.
El concierto, cuya debilidad se derivó acaso del engarce algo forzado de las piezas en un continuum a modo de suite y de cierta sujeción a la partitura -en la medida en que ello encorsetaba, a mi juicio y hasta cierto punto, la libre desenvoltura de los improvisadores-, brilló en la primera parte, en la que se entreveraban el clarinete bajo y el clave trucado, con las audacias a las que nos ha ido acostumbrando en los últimos años y en nuestra ciudad la formación Entenguerengue, sostenidos por la poderosa rítmica doom, arrimándose a los giros del Ornette más orquestal, y más tarde, en los temas declaradamente heavy, con extensos desarrollos y ricas variaciones.
Oficio de tinieblas, título escogido por estos indagadores de lo sacro y lo sacrílego, estuvo adornado por la potente obra gráfica de artistas como Manolo León o Ignacio Tovar, siempre en torno a un centro simbólico -tanto musical como pictórico-: la imagen y la palabra sagradas desfiguradas, desplazadas, perturbadoras y, en definitiva, omnipresentes.
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