Crítica de Cine

Puro humo festivalero

Nicole Kidman encarna a la esposa del doctor (Colin Farrell) que desencadena la tragedia. Nicole Kidman encarna a la esposa del doctor (Colin Farrell) que desencadena la tragedia.

Nicole Kidman encarna a la esposa del doctor (Colin Farrell) que desencadena la tragedia. / d. s.

En 2009 el éxito en festivales de Canino lanzó la carrera del realizador griego Yorgos Lanthimos. No abandonó el camino de los festivales -es uno de los niños bonitos de Cannes-, lo que le obligó a extremar sus ejercicios de contorsionismo posmoderno en una búsqueda del más difícil todavía del que nacieron películas -pocas, afortunadamente- que siguieron ganando premios a la vez que se hacían más huecas y artificiosas, tocando fondo con el bodrio -siempre multipremiado y triunfador en Cannes- Langosta. Con El sacrificio de un ciervo sagrado recupera un cierto, mínimo interés al plantear un thriller con trasfondo mitológico -el sacrificio de Ifigenia para apaciguar la cólera de Artemisa después que Agamenón matara a un ciervo en un bosque sagrado- resuelto como si el director mirara de reojo a la vez a Haneke, Cronemberg, Kubrick, Lynch, Buñuel, Pasolini y algún otro en el que no caigo.

Todo descansa en la insana relación entre un médico y el hijo de un paciente que murió en la mesa de operaciones. El joven (Keoghan) se incrusta en la vida del doctor (Farrell) y de su mujer (Kidman) como una presencia destructiva a la vez que catártica. ¿Recuerdan Teorema? Pues eso, pero en versión gore. Como Lanthimos hace cine de autor para festivales y críticos militantes no hace falta añadir que su visión de la naturaleza humana, la pareja, el sexo y la sociedad entera es tan negativa, hiriente, retorcida y árida como el más exigente jurado y el más encallecido crítico puedan exigir. Lo que la conduce a la insinceridad y el efectismo. Que el director sea griego y dé la pista del sacrificio del ciervo sagrado induce a su lectura mitológica, aunque he encontrado en ella tan poco Eurípides como poco Homero encontré en O Brother! de los Coen.

Puede medio funcionar si se tiene la paciencia de aguardar hasta su segunda parte, cuando se decide a girar hacia el cine de género -thriller de terror- revestido con los pesantes ropajes del cine de autor. Pero en conjunto le perjudican su voluntad más bien naif de epatar (desde el inicio), la pretenciosa pedantería de su propuesta argumental y su estilo a la vez seco (la recitación de los actores, el uso de los espacios vacíos) y enfático (los gélidos y deformados encuadres presuntamente kubrickianos con gran angular). Harta pero no alimenta.

Muy buena interpretación del joven Barry Keoghan, superior a unos Colin Farrell y Nicole Kidman -ambos procedentes de la decepcionante La seducción de la Niña de Coppola- que parecen dispuestos a todo por devoción a Lanthimos, apetito desordenado de reconocimiento en festivales y absolución con su correspondiente penitencia (al fin y al cabo de venganzas y sacrificios trata la película) de sus pecados comerciales. En Cannes hubo aplausos, abucheos y premio (más bien incomprensible) al guion. Me apunto a los abucheos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios