Crítica de música

Salieron mariposas de su pecho

Christina Rosenvinge, en un momento de su actuación. Christina Rosenvinge, en un momento de su actuación.

Christina Rosenvinge, en un momento de su actuación. / Oscaromi

El jueves subió al escenario de Nocturama una figura que vestía una holgada camisa blanca y pantalones masculinos; un hombre de larga melena rubia que respondía al nombre de Christina Rosenvinge, que pidió que cambiasen el género al calificativo de “guapa” que le gritaban desde las primeras filas. “No lo habéis pillado”, dijo a sus fans, ajenos a la transfiguración inversa a la que Bowie hizo con Ziggy Stardust, que ha movido a Christina a convertirse en Un hombre rubio, como ha titulado al nuevo disco que nos estaba presentando allí, con el que intenta hacernos entender el aislamiento emocional, convirtiéndose en uno de nosotros y apropiándose del género masculino, que también les pertenece a ellas.

Sevilla tuvo que ser, con su lunita plateada sobre el Puente de Triana, testigo del amor de unos recién casados daneses, a los que el coche dejó tirados cuando venían a ver la semana santa sevillana y, acogidos por un samaritano trianero, se quedaron hasta después de Feria, compartiendo su mutuo amor por uno nuevo hacia este país, en el que se quedaron; nos contó Christina. “Y por eso yo hoy estoy aquí”, para cantarnos, entre otras piezas intimistas, el Romance de la plata que dedicó a su padre, el danés enamorado de Sevilla, con el que se reconcilia de una ausencia física y emocional con el mejor verso del pop español de los últimos años: “Cómo no voy a entenderte, padre, si es la misma soledad”.

Nos cantó su nuevo disco entero, comenzando con esa Niña animal que aguanta y no se cansa, como ella misma; pasando por el activismo político de Berta multiplicada, o la poesía desgarrada de Pesa la palabra, para terminarlo al inicio de los bises con la Piedra angular que compuso inicialmente para alguno de los iconos masculinos de nuestra música y luego decidió quedársela “porque para crooner, yo”. Afortunado y feliz mortal el que subió a bailar con ella este vals, antes de que Christina se despidiese dejándonos tal como dice el título de su última canción, en La absoluta nada.

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