Saramago se acerca con humor e ironía a la condición humana en 'El viaje del elefante'

El autor, que estuvo hace meses "muerto en vida", derrochó su "inventiva" en este trayecto "épico"

José Saramago, ayer en la Casa de América, en Madrid.
Ana Mendoza (Efe) / Madrid

17 de diciembre 2008 - 05:00

José Saramago derrocha "imaginación y capacidad inventiva" en su nueva novela, El viaje del elefante (Alfaguara), un libro cuya redacción le ayudó en cierto modo a superar la grave enfermedad que padeció hace dos años y en el que el autor reflexiona con humor e ironía sobre la condición humana. "¿Cómo yo, que estuve tan enfermo, encontré el humor para este libro?", se preguntaba ayer Saramago, al presentar en la Casa de América de Madrid el libro, que en el mes que lleva a la venta en España ha agotado ya dos ediciones.

Nadie diría que el portugués, Nobel de Literatura 1998, estuvo hace unos meses al borde de la muerte debido a sucesivas neumonías. Ayer, el escritor, de 86 años, aparecía ante la prensa lleno de energía y vitalidad, con muchas ganas de hablar y bromear. Saramago contó cómo la enfermedad le obligó a interrumpir la novela, cuando llevaba sólo 40 páginas, y, aunque se sintió "una especie de muerto en vida", luego encontró las fuerzas necesarias para acabar esta "metáfora de la vida humana". La novela parte de un hecho histórico: a mediados del siglo XVI el Rey Juan III le regaló a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante asiático, que junto con su cuidador y una amplia comitiva, tuvo que ir desde Lisboa hasta Viena.

¿Se justifica toda una novela para contar ese "viaje épico"? El autor de Ensayo sobre la ceguera y La caverna reconoce que "a lo mejor, no", pero asegura que, de todas sus obras, es la que "mayor capacidad inventiva contiene". Hay otro dato que lo impulsó a escribir la novela: el final que corrió el elefante, al que, una vez muerto, le cortaron las patas delanteras para ponerlas a la entrada de un palacio como recipiente de paraguas y bastones.

Ese final tan injusto da "significado último a la vida del elefante" y refleja también las incertidumbres que se le presentan al ser humano después de la muerte, dice el escritor. Y el final del pobre Salomón -así se llamaba el elefante- le inspiró ayer al escritor una reflexión sobre la situación actual del mundo: "El problema no es que los atentados contra la dignidad del ser humano se hagan cuando uno muere, sino cuando se está vivo", como está sucediendo con la crisis económica, que Saramago califica de "crimen financiero contra la humanidad".

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