Teatro que emula al cine
CRÍTICA TEATRO
SONATA DE OTOÑO. Autor: Ingmar Bergman. Versión: Jose Carlos Plaza y Manuel Calzada. Dirección: Jose Carlos Plaza. Intérpretes: Marisa Paredes, Chema Muñoz, Nuria Gallardo, y Pilar Gil
A veces, hay cosas que es mejor no tocarlas. Y no quiero decir que la obra que dirige Plaza no tenga sus méritos; simplemente, que la película de Bergman los tiene de sobra y no parece, a la vista de lo visto, que fuera necesario realizar una adaptación teatral que, a la postre, se siente acomplejada por la versión cinematográfica.
El texto profundo y desgarrado de Bergman se convierte en manos de Plaza en una sucesión de monólogos que buscan parecerse a la película abusando de la iluminación que, a su vez, intenta suplir los primeros planos que el teatro no puede ofrecer.
Marisa Paredes se convierte en el acierto de este montaje, sobre todo en la primera parte, gracias a su dominio del escenario y a su propia apariencia de diva en su esplendor. Nuria Gallardo, la hija que ajustará cuentas con la madre que no le prestó atención de niña, aparece transformada físicamente aunque actúa con su vehemencia característica, lo que acaba haciéndola antipática a pesar de que sus reproches sean ciertos.
Las interpretaciones de ambas actrices son tan distintas que difícilmente uno puede sentirse inmerso en este enorme drama familiar cuando en la segunda parte la hija se enfrenta a la madre en una especie de ring de boxeo.
La acción casi no existe. Sólo monólogos y soliloquios iluminados sobre fondos oscurecidos.
Hasta el texto parece superado por una sociedad que ya no es inocente y que gracias al sueco Bergman se enfrentó a este tipo de relaciónes materno-filiales hace 30 años y que luego Woody Allen y Almodóvar se han encargado de desarrollar en su cinematografía.
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