elektra.25 | Crítica de Teatro

25 años de la fuerza de Atalaya

Estética, cuerpo, movimiento en una nueva 'Elektra'

Estética, cuerpo, movimiento en una nueva 'Elektra' / Elena Davidson

Ricardo Iniesta es un pitagórico confeso. Juega con los números y gusta de encontrar analogías con las fechas. 25 años después del estreno de Elektra en la Feria de Palma del Río reedita una nueva versión del mito remozándolo en contenido haciéndolo más sabio, menos maniqueo, más bello, cargado de experiencia.

El motor de la venganza está ahora matizado por el crimen horrendo que cometió Agamenón contra su hija Ifigenia al partir para la guerra de Troya y que Klitemestra no ha perdonado como madre. Con la nueva dramaturgia ha enriquecido con un cuarenta por ciento el texto que preparó hace cinco lustros Carlos Iniesta y que convirtió a Atalaya en la gran compañía que hoy representa a Andalucía en el mundo entero.

Nos reencontramos con las famosas bañeras que supusieron uno de mejores logros escenográficos de la historia del teatro andaluz y que hoy, en el siglo XXI, han vuelto a asombrar a un público que siguió embelesado la que, quizás, sea la propuesta más estética que ha creado Atalaya.

El ‘sello de Atalaya’ es ahora más sabio, más estético, es imprescindible

Con el inconfundible sello de la compañía y  que persiguen muchos de los estudiantes de interpretación: el estilo atalayo,  esta nueva versión Elektra.25 es un compendio de virtudes en cuanto a interpretación, incuestionable el fabuloso elenco, la iluminación de Alejandro Conesa, la música de Luis Navarro, el maquillaje y la peluquería de Manolo Cortés, las coreografías de Juana Casado y Lucía You y el maravilloso vestuario de Carmen de Giles y Flores de Giles que embellecen hasta el paroxismo este aniversario.

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