Arte Un estudio atribuye a Pacheco una 'Inmaculada' de la Magdalena

  • El lienzo, que se expone en el coro alto de la parroquia, es para el investigador Álvaro Cabezas García una obra de madurez del artista.

  • En el cuadro, la Virgen sostiene al Niño en sus brazos.

Un detalle del cuadro. Un detalle del cuadro.

Un detalle del cuadro. / Pedro Martínez Lara

Entre las obras que se exponen en el coro alto de la Parroquia de la Magdalena, un espacio que ha abierto sus puertas al público tras una laboriosa restauración y que el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, bendijo el pasado jueves, destaca una conmovedora Inmaculada con el Niño. La pintura atrae la atención del visitante por su belleza, pero también por su novedad: se trata de una donación reciente de la que no pudo dejar constancia la guía breve del patrimonio artístico que custodia la iglesia y que escribieron los profesores José Roda Peña, Pedro Martínez Lara, Pedro Manuel Fernández Payán y Álvaro Cabezas García.

Este último investigador atribuye esta Inmaculada con el Niño a Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda, 1564 - Sevilla, 1644). Y, a su juicio, no se trataría de un trabajo menor en la extensa trayectoria del artista, sino de una creación de madurez. "Cuando vi la imagen del cuadro me quedé impresionado", confiesa Cabezas García, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla y especialista en pintura sevillana. "No es casual que en la Magdalena lo hayan colocado en un lugar destacado. El otro día, en la prensa, se veía al arzobispo delante de esta obra. Y hablamos de una parroquia que tiene zurbaranes y documentos únicos vinculados al bautismo de Murillo o el enterramiento de Martínez Montañés", señala el estudioso.

Cabezas García, que quiere publicar más adelante "un análisis científico, detallado y riguroso, en una revista especializada", considera que Pacheco abordó esta Inmaculada en su etapa de plenitud, cuando exhibía ya una altura artística incuestionable. "Se trata de un nombre muy conocido, pero se le recuerda más por haber sido suegro de Velázquez o por publicaciones como el Arte de la Pintura o el Libro de los Retratos, que por su obra en sí. Siempre se le ha criticado por sus nociones de anatomía o por lo plano que representa a los personajes", analiza el investigador. "Pero en su trayectoria se da una mejora, especialmente después de que viajara a Toledo y conociera a El Greco, tras ir también al Escorial, donde estaba la gran escuela de pintura de la Corte. Después de esas experiencias Pacheco regresa a Sevilla con una madurez sobresaliente".

'Inmaculada con el Niño'. 'Inmaculada con el Niño'.

'Inmaculada con el Niño'. / Pedro Martínez Lara

Es en esos años en los que afianza su estética cuando Pacheco acoge en su taller a Velázquez y a Alonso Cano, un tiempo en el que en la ciudad se avivan las disputas teológicas en torno a la Inmaculada Concepción, un tema que defendían con vehemencia "algunas órdenes religiosas como los franciscanos, frente a los dominicos, que estaban en contra de lo que en el futuro sería declarado dogma", expone Álvaro Cabezas. Pacheco se posicionará claramente en el primer bando y volverá en repetidas ocasiones a esta representación de la Virgen.

Para el historiador del arte, que cree "serían los franciscanos, muy devotos de la causa, los que le encargarían esta pintura a Pacheco", el cuadro que acoge la Magdalena es superior a otras creaciones del maestro, como La Inmaculada con el retrato de Miguel Cid que pertenece a la Catedral de Sevilla y está fechada en 1619, la Inmaculada con el retrato de Vázquez de Leca (1621) o la Inmaculada del Palacio Arzobispal de Sevilla. Cabezas García ve "más relacionable" la pieza con otras cumbres en la producción del autor, la Inmaculada de la Parroquia de San Lorenzo o La Virgen y él Ángel del Rectorado de la Universidad de Sevilla.

Una singularidad de la pintura de la Magdalena es el hecho de que la Virgen sujete al Niño entre los brazos. "Se suele representar la visión que ofrece San Juan en Patmos, cuando escribió el Apocalipsis, esa Virgen vestida de sol con la luna a los pies", apunta Cabezas. "La otra versión procede de Juan Duns Scoto, un fraile escocés que ofreció la explicación teológica de la Inmaculada Concepción de María. En una ocasión, la Virgen se le apareció a Scoto mientras oraba en la iglesia, poniendo en sus brazos al Niño Jesús, tal y como había sucedido con San Antonio o San Félix de Cantalicio en otros milagros, y como él, pudo acariciarlo y adorarlo", detalla el investigador.

El artista, prosigue Cabezas, "no participa mayoritariamente" de la iconografía de la Virgen que sostiene al Niño, pero "la da por válida". En su Arte de la pintura se decanta por la otra variante, más extendida: "Sin poner a pleito la pintura del Niño en los brazos, para quien tuviere devoción de pintarla así, nos conformaremos con la pintura que no tiene Niño, porque esta es la más común", escribió.

El arzobispo, en la bendición del coro alto de la Magdalena, con la pintura a un lado. El arzobispo, en la bendición del coro alto de la Magdalena, con la pintura a un lado.

El arzobispo, en la bendición del coro alto de la Magdalena, con la pintura a un lado. / Juan Carlos Muñoz

En su composición, en la que esa figura materna se antepone a un paisaje, Pacheco no es "absolutamente original, se inspira en Durero", revela el estudioso. La Virgen y el Niño sobre la luna creciente, que alberga el Metropolitan Museum Art, y La Virgen y el Niño sobre la luna creciente con una diadema serían los referentes de los que partió el autor. "Esto era habitual", aclara Cabezas García. "En el Renacimiento y el Barroco los artistas buscan libros de grabados y estampas en las que basarse. Pacheco, además, es alguien que tiene una gran biblioteca, unos conocimientos muy avanzados de lo que se está haciendo en Europa". Fue Benito Navarrete, "cuando le comenté mis impresiones sobre Pacheco, el que me planteó el modelo de Durero y me animó a estudiar la pintura. Con él tenemos una voz de autoridad en este tema", continúa el investigador.

La pintura que cuelga ahora en el coro alto de la Magdalena tiene, explica Álvaro Cabezas, "problemas de conservación, algunas lagunas que se extienden por toda la superficie del lienzo, pero se aprecia muy bien el conjunto. Se ve, por ejemplo, cómo el Niño sujeta una manzana, símbolo del pecado original que su madre, con su inmaculada concepción, está derrotando". Ahora, el interés que suscite la atribución a Pacheco tal vez ayude a devolver el esplendor a una obra que, ya en su estado actual, asombra y emociona.

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