Ayer estuve en Nueva York

Fetén (opereta flamenca para dos máscaras y una guitarra) | Crítica de teatro

Juan Luis Corrientes y Beatriz Prior en un momento de la obra 'Fetén' / ANTONIO MOLERO

La ficha

**** ‘Fetén (opereta flamenca para dos máscaras y una guitarra)’. Un Proyecto Corriente & Juan Luis Corrientes.Idea original: Juan Luis Corrientes. Dirección: Juan Dolores Caballero. Dramaturgia: Juan Luis Corrientes, Beatriz Prior y Juan Dolores Caballero. Intérpretes: Beatriz Prior y Juan Luis Corrientes. Guitarra flamenca: Julio Castell. Escenografía y vestuario: Un Proyecto Corriente. Diseño y construcción de máscaras: Mario Copete. Asesoramiento baile: Carmen Torres. Diseño de iluminación: Mario Copete. Distribución: Teresa Velázquez. Diseño de cartel: Mario Méndez. Consultor marketing: Javier Alfonso (Alfchoice). Lugar: Teatro La Fundición. Fecha: Sábado, 7 de marzo de 2026. Aforo: Completo.

Juan Luis Corrientes y Beatriz Prior son una ‘rara avis’ dentro del universo de las artes escénicas andaluzas. Los dos son profesores y amantes de la comedia del arte, de la que dan clases: el primero en la escuela de Viento Sur Teatro y la segunda en la ESAD. Su devoción hacia la máscara de origen italiano les lleva, en 2024, a crear un espectáculo-monumento sobre la vida de una pareja de flamencos, Manuel y Concha, que viven entre la realidad y el deseo de una vejez que mezcla los recuerdos con sus propios sueños.

Con el sello ineludible de Juan Dolores Caballero, que ‘personaliza’ sus trabajos de dirección con su búsqueda constante de la belleza de la caricatura grotesca, del trabajo físico, a veces extenuante para el intérprete, y sus repeticiones en el texto que consiguen la complicidad, el divertimento del público y la configuración de personajes muy definidos. A esta fórmula, el tándem Corrientes-Prior, que firman junto a Caballero la dramaturgia, aporta la media máscara expresiva de la commedia dell’arte.

De esta manera, la máscara y la forzada expresión corporal definen desde el principio a los protagonistas, Manuel y Concha, dos flamencos que tuvieron sus mejores días en los años cincuenta de una Sevilla ya desaparecida, pero que todavía son capaces de ofrecernos un recital de flamenco acompañados de la guitarra, excelente y versátil, de Julio Castell. Convertidos en personas sin hogar, recorren la ciudad con un carrito donde llevan sus enseres. Como fondo suena la megafonía de un aeropuerto que les va recordando un pasado triunfante o una ensoñación.

Me cuentan, quienes vieron el espectáculo en su estreno hace casi tres años, que la obra ha evolucionado desde la amargura hacia un encuentro con la alegría que yo agradezco sobremanera. Los personajes, quimeras, encuentran a través de ese aire positivo la dignidad que Corrientes quiere darles al ofrecerles este magnífico homenaje que es Fetén (opereta flamenca para dos máscaras y una guitarra), en la que se canta y se baila con el perfume del que retuvo. No son dos triunfadores. Nos imaginamos a Manuel y Concha como dos supervivientes en unos años en los que el flamenco era el divertimento de los señoritos, cierre de fiestas en cortijos y refugio de tablaos en la Alameda. Pero la dignidad rezuma todo el espectáculo y, aunque uno y otra no están en su mejor momento, todavía son capaces de arrancar el jaleo de un público que fue entrando y volviéndose cómplice a lo largo de la función.

El trabajo físico es espectacular, Beatriz Prior y Juan Luis Corrientes demuestran una preparación impactante que se remarca en varias escenas como en la que Concha, sentada sobre Manu, juega con sus piernas como si fueran las suyas o el momento de la Semana Santa (insuperable el rasgueo, ocurrente, de la guitarra de Castell), que se vuelve plasticidad pura y crea imágenes que recuerdan a los grabados de Goya.

El espectáculo es una constante subida: de un comienzo en el que asistimos al acompañamiento de dos mendigos nos vamos adentrando en un verdadero espectáculo, una opereta flamenca a través de fandangos, colombianas, alegrías y unos muy buenos zapateados, acompañados de la guitarra en directo. Lo grotesco se va tornando homenaje, reconocimiento. El público se acaba entregando y corea con facilidad un ‘ensoñado Nueva York’ al que nunca sabremos si nuestros ‘amigos’ llegaron a pisar.

Juan Luis Corrientes, al terminar la obra con el público en pie, dedicó la obra a todas las mujeres en este ocho de marzo y, especialmente, tuvo un recuerdo para su madre, que hace un mes nos abandonó. Corrientes tiene todo un camino teatral y tiene los mimbres necesarios para nuevos proyectos con solo mirar en su interior. Yo lo prefiero alegre, vivo, con fuerza, dispuesto al cambio.

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