Benjamin Britten, que amó la belleza
El Espacio Turina acoge este miércoles ‘He who loves beauty’, un “homenaje musical-escénico” al compositor británico en el 50 aniversario de su muerte y a su compañero en la música y en la vida, el tenor Peter Pears.
Para el director de escena Rafael R. Villalobos, el compositor Benjamin Britten (1913-1976) y el tenor Peter Pears (1910-1986) no sólo formaron “uno de los binomios más interesantes de la historia de la música”, una alianza que se tradujo en obras capitales como Peter Grimes o Muerte en Venecia: aquella unión también sentimental que se prolongó durante cuatro décadas –gran parte del tiempo a espaldas de la ley: la homosexualidad dejaría de estar penada en el Reino Unido en 1967– había “acompañado” a Villalobos desde su adolescencia. “En un momento en el que necesitaba referentes, pude leer sobre ellos y leerlos a ellos, porque la correspondencia que mantuvieron está editada. Siempre hablo de ellos como de esos dos tíos gays que nunca tuve en la familia”. Al creador sevillano le conmueve un detalle en el relato de esa pareja: después de que Britten muriera por una insuficiencia cardíaca a los 63 años, la reina Isabel II “envió un telegrama a Pears, dando así un carácter oficial a una relación que aunque era obvia para todo el mundo se había mantenido en las sombras”.
He who loves beauty, el “homenaje escénico-musical” que Villalobos dedica a Britten cuando se cumple el medio siglo de su fallecimiento y que se programa hoy miércoles a las 20:00 en el Espacio Turina, como parte del ciclo DXM (Drama por Música), imagina a Pears ofreciendo un concierto tras la marcha de su amado. Devastado por la pérdida, el cantante repasa el excepcional patrimonio que compartieron: el repertorio que Britten compuso para él o las piezas de otros autores que interpretaron, pero también la suerte de los momentos vividos y las preguntas que se hicieron, con las que intentaron explicarse conceptos como amor o patriotismo. “¿Cómo vuelves a cantar esas piezas, cuando tú has sido el muso para el que las creó? ¿Qué sientes cuando escuchas por la BBC las grabaciones que hicisteis juntos?”, se interroga Villalobos, que en este recital que plantea una “reflexión sobre la identidad, el duelo y la creación compartida” firma además de la dirección la dramaturgia, el espacio escénico, el vestuario y la iluminación.
Entre las partituras que reúne He who loves beauty están los Seven Sonnets of Michelangelo, que Britten ideó para Pears en un paréntesis feliz, al comienzo de la relación, en que ambos se trasladaron por un breve periodo a EEUU. “Cuando estrenan en el Wigmore Hall en 1942 cambian el sujeto en la traducción del italiano del programa de mano, para que parezca que se habla de una chica y no de un chico”, apunta Villalobos, que ha seleccionado fragmentos de otras obras de Britten como The Holy Sonnets of John Donne, Gloriana, Winter Words y sus arreglos del folk, que aportan un punto de “frescura” a la intensidad de las otras propuestas.
En este concierto, que acoge el Turina unas semanas antes de El sueño de una noche de verano que se representará en el Maestranza en febrero, no faltarán Henry Purcell y John Dowland, un legado que este dúo reivindicó ante los espectadores de su tiempo. Villalobos percibe en esta labor por “traer de vuelta” a los maestros ingleses un gesto de patriotismo, un amor a la tierra que en Britten fue cuestionado durante la Segunda Guerra Mundial debido a su pacifismo y al hecho de que la pareja dejara Reino Unido durante la contienda. El compositor plasmaría su objeción de conciencia en Owen Wingrave, de 1970, un encargo de la BBC que habla de “una estirpe de soldados en la que el más pequeño rompe esa cadena, y donde aparece la palabra maricón explícita. Detrás de sus obras hay un mensaje, y es interesante comprobar cómo Pears y Britten están comprometidos con su sociedad”.
El tenor Mark Milhofer, “uno de los grandes especialistas en este repertorio junto con Ian Bostridge o Mark Padmore”, destaca Villalobos, dialoga en He who loves beauty con el pianista Manuel Navarro y el actor Luis Alberto Domínguez. Un triángulo que dispone una meditación sobre el amor por la que asoman los versos de Auden, amigo de Britten y una persona clave en su juventud, y también la discutida admiración que provocaba en Britten la “belleza inalcanzable y absoluta” de los muchachos, que "canalizó en personajes como el Miles de La vuelta de tuerca o el Tadzio de Muerte en Venecia”.
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