Cultura

La ciencia del dolor

  • Lengua de Trapo recupera este título de la Alemania de posguerra

En el verano del 45, y bajo el pintoresco nombre de analista de bombardeos, el escritor irlandés James Stern viajó a la Alemania de posguerra con un un fin tan secreto como extravagante: hacer una encuesta Gallup entre los supervivientes, para concocer así el efecto de los bombardeos masivos sobre la población inerme. Asunto parecido había ocurrido con la socióloga Ruth Meredith, cuando se trasplantó al Japón derrotado por los aliados, con la benemérita intención de elucidar el inexplicable comportamiento nipón durante la guerra (los kamikaze, los solitarios guardianes de islas remotas, el suicidio ritual de los generales derrotados), y el injurioso trato que los prisioneros recibieron de sus captores. El resultado se recogió en un libro de singular fortuna: El crisantemo y la espada. En El daño oculto, sin embargo, lo que se compila es el estupor de un hombre civilizado, Stern o su compañero el poeta W. H. Auden, ante la incalculable destrucción de un todo un continente.

Sea como fuere, en este extraordiario libro, lo que se hace patente es la portentosa mecanización de la guerra y la aplicación del análisis científico en todas sus facetas. No olvidemos que el bombardeo indiscriminado, aparte de como forma de ahorrar pilotos, se postuló como el sistema más efectivo para fulminar las fábricas enemigas dentro de las ciudades. A lo cual se añade otra espantosa novedad, experimentada con éxito en la Guerra Civil española: el sometimiento, el terror, la disuasión del frente interno. O lo que es igual, de la población indefensa. Del largo vagabundaje de Stern por aquella Alemania derruida, queda no sólo un relato inteligente, preciso, lírico y deslumbrante; también se desprende de El daño oculto la enorme complejidad de los sentimientos, de las afinidades, de los inveterados odios, que hicieron posible aquella delirante carnicería, y que tras la derrota seguían latiendo sordamente bajo el miserable ropaje de vencedores y vencidos. No obstante lo dicho, El daño oculto es, sobre su abominable fondo, un libro alegre y compasivo: alegre con la alegría animal de quien conoce, a pesar de la profunda herida, el perpetuo renovarse del mundo; compasivo incluso con aquellos que se abismaron en la crueldad, dóciles y entusiastas, como en el más alto de los festines.

Hay, sin embargo, en estas páginas, una evidente predilección por la más extraña de las razas: la raza del héroe, del perseguido, de quienes no quisieron doblegarse a una vida de oprobio. Leyendo las acciones de aquellas gentes (frágiles muchachas, altivas damas, estudiantes y médicos, ricos meditabundos como Fugger), uno se halla partícipe de un gozo memorable. El gozo de saber que, en la hora más negra, en lo profundo de una Europa en llamas, hubo un sitio para el valor y la esperanza.

James Stern. Editorial Lengua de Trapo. Madrid, 2010. 461 páginas. 24,80 euros

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