La inagotable fascinación por lo británico

Downton Abbey, una nueva era | Crítica

El universo de la televisiva 'Downton Abbey' inspira una nueva película. / D. S.

La ficha

**** 'Downton Abbey, una nueva era'. Drama, Reino Unido, 2022, 125 min. Dirección: Simon Curtis. Guion: Julian Fellowes. Música: John Lunn. Fotografía: Andrew Dunn. Intérpretes: Hugh Bonneville, Michelle Dockery, Maggie Smith, Imelda Staunton, Dominic West, Hugh Dancy, Laura Haddock, Nathalie Baye, Tuppence Middleton, Elizabeth McGovern.

El gusto por lo británico (anglofilia que vence siempre incluso a los más pertinaces anglófobos políticos) es un curioso, duradero y nunca agotado fenómeno cultural y, quizás en mayor medida, afectivo. No tiene que ver con otras filias o modas que señalan la influencia, esplendor y dominio de una cultura en un momento dado –la española en el siglo XVI, la francesa en el XVIII, la americana en el XX– para apagarse, aunque guardando siempre rescoldos, a la vez que el poderío de la nación conoce su ocaso.

La admiración por lo británico, ciertamente, tiene que ver con esto y no es casualidad que como moda y gusto surgiera con el auge del imperio en el siglo XIX y los primeros años del XX, de Victoria a Jorge V, dicho en términos políticos; o de Jane Austen a Virginia Woolf, de Dickens a Galsworthy o de Conan Doyle a Agatha Christie, dicho en términos literarios por ceñirme a los años del imperio. Formas de vida, humor, confort, verdes paisajes, mansiones, niebla, libros, arbitrio de la elegancia para caballeros, sórdidos y peligrosos callejones mal alumbrados por farolas de gas, ironía, sentido del humor, contención de pasiones que las hace estallar con más devastadora fuerza, el té de las cinco o la tarta de manzana conforman y alimentan el fenómeno de la militancia anglófila.

Viene a cuento este rodeo porque el éxito en televisión y en cine de las muchas entregas de Downton Abbey (seis temporadas y dos largometrajes) no tiene otra razón de ser que este gusto (nunca desaparecido, aunque haga tiempo que desapareció el mundo que lo inspiró) por lo inglés. Baste pensar en éxitos recientes como The Crown o Los Bridgerton. El inteligente actor, novelista y guionista Julian Fellowes ha sabido explotar esta pasión por lo británico en sus novelas (Snobs) y sobre todo en sus guiones para televisión y cine (La reina Victoria, Gosford Park, Dowton Abbey, Belgravia) en los que exprime personajes, ambientes y situaciones no por muchas veces vistos menos gratificantes de volver a verse, tirando de las grandes sagas novelísticas de los Forsyte, los Cazalet o los Flyte y de los éxitos televisivos de los 70 y los 80 tantas veces inspirados en ellas como Arriba y abajo, La saga de los Forsyte o Retorno a Brideshead.

Da Fellowes más de lo mismo que nunca harta: pura Inglaterra de mansiones, elegancia, secretos, ironía, humor y drama. Y lo da con inteligencia en su guión –brillante idea la de mezclar la historia de la misteriosa herencia en el sur de Francia con la del rodaje de una película en la mansión familiar–, con buenas maneras en la dirección que en esta nueva entrega, y con excelentes resultados, se encarga a Simon Curtis, realizador con amplia experiencia en la recreación de estos universos ultrabritánicos en televisión (David Copperfield, Cramford) y cine (Adiós, Christopher Robin), con una extraordinaria plantilla de actores que hacen perfectamente de ingleses tal y como creemos y esperamos que los ingleses deben ser, y con un cuidado y elegante vestuario y diseño de producción. El resultado es una perfecta máquina de entretenimiento ligero que satisfará sobradamente esa fascinación británica nunca decaída.

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