artes escénicas

Ese enigma llamado culpa

  • El sevillano Rafael R. Villalobos, uno de los jóvenes talentos de la escena europea, dirige desde hoy 'Gratia Plena', una obra integrada en el Año Murillo

El director de escena y dramaturgo Rafael R. Villalobos. El director de escena y dramaturgo Rafael R. Villalobos.

El director de escena y dramaturgo Rafael R. Villalobos. / miguel iceta

No fue hasta 1854 cuando la Iglesia católica, a través de Pío IX, decretó el dogma de la Inmaculada Concepción, pero durante el siglo XVII la doctrina que concebía a la Virgen María sin pecado original propició encendidos enfrentamientos e intensas adhesiones. Uno de los autores que retrató este fenómeno fue Calderón de la Barca, que se acercó al fervor hacia la Madre de Dios del pueblo español y del monarca Felipe IV en Las órdenes militares, una pieza en la que se inspira ahora el director y dramaturgo Rafael R. Villalobos para Gratia Plena, un montaje que se representa desde hoy hasta el domingo -todos los días a las 22:00, entradas a 18 euros, 10 con descuento- en el soberbio claustro del antiguo convento de Santa María de los Reyes. La propuesta se integra dentro del Año Murillo, para celebrar también desde las artes escénicas el cuarto centenario del nacimiento de un pintor que tuvo en la Inmaculada una figura central de su iconografía.

El espectáculo supone el regreso a su ciudad natal de uno de los jóvenes directores más aplaudidos de la escena internacional, que entre otros reconocimientos ha obtenido el Premio Europeo de Dirección Operística y ha sido candidato a los International Opera Awards. Villalobos (Sevilla, 1987), que había colaborado con la Orquesta Barroca de Sevilla en una versión de La serva padrona de Pergolesi, brinda ahora una propuesta "ecléctica" que alterna el clasicismo del texto del que parte con una sensibilidad más contemporánea. "No soy un buscador de nuevos lenguajes teatrales, pero me atrae mezclar una gorguera con una chaqueta de lentejuelas, una soprano como Eugenia Boix con Raúl Burrueco (Combray) haciendo electrónica, y un número de danza clásico con una coreografía codificada", señala Villalobos.

Convencido de que "las artes escénicas, el teatro y la ópera, son una herramienta para entender quiénes somos, para vernos reflejados", Villalobos analiza el concepto de culpa desde una mirada más actual, desde una perspectiva "histórica y crítica". Esa campaña política y militar para defender la pureza de la Inmaculada da pie al director a reflexionar sobre el legado de Eva, esa mujer que cedió a la tentación. Frente a la madre libre de mancha, la que inaugura con sus actos ese enigma de la culpa original. "¿Es una disidente o una desobediente, Eva? ¿Muerde la manzana porque se lo dice la serpiente o su propio albedrío se lo sugiere?", se pregunta el director, que en la obra no oculta su interés por aquellos que son señalados y no responden a los patrones que dicta la sociedad. "El hombre que es llamado a defender en Roma la causa de la Inmaculada siente que no hay ciudad que se levante para defenderlo a él, para exculparlo. Ese hombre es ese niño que se siente hereje, que desde que nace tiene algo que es percibido como un pecado, una culpa...", anticipa Villalobos.

La palabra de Calderón de la Barca ya latía en Roma es amor al revés, una creación que surgió de la estancia de Villalobos, como becado, en la Real Academia de España de la capital italiana, y en la que el autor recurría a hechos recientes -el escándalo que protagonizó un prelado del Vaticano o el homicidio que cometió un conocido del director- para ahondar en las contradicciones de una ciudad, "la ciudad del amor, que celebraba el Año Santo y hablaba de misericordia mientras se mostraba tremendamente hostil hacia el matrimonio homosexual que entonces se estaba votando en el Senado".

Que la escena puede promover el debate e incluso contribuir a la legislación es una lección que aprendió del director Peter Sellars, al que dedicó su trabajo de fin de máster La puesta en escena operística del futuro. Siguiendo esta estela, Villalobos hizo de Dido y Eneas de Purcell un retrato del bullying, una adaptación que estrenó el Teatro Real y que retransmitió el canal BBC Arts. "Uno de los golpes de suerte de mi carrera fue que Joan Matabosch [director del Real] confiara en mí", dice un creador al que, no obstante, las ofertas no le faltan: ha presentado sus propuestas en el Auditorio Nacional, el Teatro Massimo de Palermo o la Ópera de Hungría, y para el Festival de Perelada prepara dos proyectos: Acis y Galatea, de Handel, y El bis, un espectáculo con Xavier Sabata en el que Cavalli o Wagner dialogan con Antony & The Johnsons, otra muestra más del eclecticismo que cultiva el sevillano.

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