'La flauta mágica', el símbolo y lo humano

ópera

El Maestranza acoge desde el domingo la ópera de Mozart, para la que se han agotado las entradas.

El equipo de la producción de 'La flauta mágica' posa en los alrededores del Maestranza, donde se verá la ópera hasta el día 18. / José Ángel García
Braulio Ortiz

09 de febrero 2017 - 08:51

Mozart compuso La flauta mágica poco antes de su fallecimiento, en unas circunstancias económicas difíciles, cuando la muerte de su protector el emperador José II había obligado al músico a aceptar trabajos alimenticios. Pero el infortunio que rodeó su preparación no afectó a la acogida que aguardaba a aquella obra: ya desde el estreno, el 30 de septiembre de 1791 en el Theater auf der Wieden de Viena, la pieza demostraría la capacidad de cautivar a quien oyera su partitura y se adentrara en la aventura que protagonizan Tamino y Papageno. Un hechizo que ha llegado hasta nuestros días: en 2016, como detalla el maestro Pedro Halffter, fue la ópera más representada; y Mozart ocupa el puesto privilegiado de ser "el autor más descargado de todos los sistemas digitales", según los datos facilitados por Bachtrack, la web especializada en música clásica.

El público sevillano también se suma al interés y el amor que despierta La flauta mágica: serán 7.200 espectadores los que verán, desde este domingo hasta el día 18, la producción del Teatro Regio de Turín que acoge el Maestranza y para cuyas cuatro funciones se han agotado las entradas. Tal vez, porque como afirma el director de escena Roberto Andò, esta historia de marcado simbolismo y enorme sugerencia consigue "una comunicación total con el auditorio, algo a lo que aspira el arte".

El montaje apuesta por "un elenco joven, español, una muestra más de que este teatro tiene las puertas abiertas a los jóvenes valores y estos pueden hacer aquí papeles importantes en obras importantes", comentó Halffter, director musical de la propuesta, que experimenta "una alegría inmensa por ensayar cada día esta ópera. Uno nunca se cansa de ella, es un lujo". El tenor Roger Padullés, que encarna al príncipe Tamino, recala por primera vez en España con La flauta mágica, que sí ha defendido en numerosos escenarios internacionales. "Y es verdad que llega a la gente", opina. "He tenido la oportunidad de comprobarlo en Japón, en China, en Chile. La reacción siempre es la misma. Cada uno tiene su verdad, pero los sentimientos y el amor son una verdad que está por encima de todo".

Porque, más allá del componente mágico del argumento y de las influencias que ejerció la masonería tanto en Mozart como en el libretista Emanuel Schikaneder -influencia que se detecta en las pruebas iniciáticas que se plantean dentro de la trama o la relevancia que tiene el número tres-, La flauta mágica destaca por la humanidad de sus criaturas. La soprano Erika Escribá-Astaburuaga, que interpreta a Pamina, la hija de la Reina de la Noche, señala con admiración los contrastes de su personaje. "En su simbolismo habla de la belleza, de la inocencia, de la pureza de todos los seres humanos". Pero también se muestra en una "dimensión más terrenal. Tiene que pasar por una serie de pruebas por las que pasamos todos: la desilusión, el fracaso, que le hacen crecer. Todos vivimos de un modo u otro ese proceso de autoconocimiento". La intérprete valenciana aún se sorprende ante un papel que la "emociona muchísimo" y que evoluciona durante la trama. "Es inocente al principio, de una manera inconsciente, todo impulso. Pero al final la serenidad, la paz que siente, son conscientes. Es una mujer que parece idealizada, pero a la que le ocurren cosas terrenales".

Su madre en la ficción, la soprano Sara Blanch, afirma "buscar dentro de mí para construir y hacer real" al oscuro personaje de la Reina de la Noche. En la presentación a la prensa, recuerda con humor cómo Pedro Halffter le apunta a diario que su aria Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen (La venganza del infierno hierve en mi corazón) es "el momento que espera todo el mundo. Y yo le digo: De acuerdo, no me metas más presión", evoca entre risas. La cantante vive el desafío "con mucha intensidad. Es un papel que a nivel vocal te exige toda la energía: si no la tienes, tu cuerpo no responde".

El bajo Javier Borda, que presta su voz a Sarastro, destaca que la "profundidad" de su personaje "no es sólo vocal, también filosófica", una virtud acorde con la variedad de lecturas que posee la creación de Mozart. Interpretar esta ópera significa asomarse a un horizonte inagotable. "Tiene dualidades muy profundas, una simbología muy rica, la habilidad de que la disfrutan los niños, pero a los adultos les da para pensar toda la vida". No tan trascendente, como su personaje, se muestra el bajo barítono Peter Keller, que concibe a Papageno "casi como un adolescente, que caza pájaros, los vende y se gasta el dinero en comer y beber. Es un espíritu libre".

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