La libertad de vivir y pintar en los agitados años 80
'Todas las revoluciones están hechas' apunta al origen del coleccionismo público en la comunidad
Rafael Agredano es uno de los grandes escritores sobre arte del país, un talento que su inmensa habilidad pictórica nunca ha opacado. Y viene siendo así desde que, joven veinteañero, publicaba en la revista Figura textos tan sugerentes y divertidos como Titanlux y moralidad, de una de cuyas sentencias toma su título la muestra que el CAAC dedica ahora al análisis de los años 80 a través de los fondos de su colección permanente: Todas las revoluciones están hechas. Unas 110 obras de 36 artistas componen este itinerario expositivo que se distribuye por la zona monumental del monasterio de la Cartuja y podrá visitarse hasta el 4 de mayo.
En la nave de la iglesia, una impactante tela pintada en esmalte azul por Guillermo Paneque en 1987 (La duda) preside la sección dedicada a los artistas más identificados con la revista Figura, que él dirigió, y donde se integran el descaro y la frescura de los primeros lienzos de Agredano, como Miss Marte (1986), con el recuerdo al cordobés Pepe Espaliú en trabajos en técnica mixta como El creyente (1987). De gran formato y vibrante colorido son también las obras de unos juveniles Curro González y Patricio Cabrera; la precocidad del talento une esas piezas con las del refectorio, donde se puede admirar el primer trabajo de Pedro G. Romero junto a lienzos de, entre otros, Ricardo Cadenas, Fede Guzmán y el recordado Juan Francisco Isidro.
Los comisarios de la muestra, Juan Antonio Álvarez Reyes y Yolanda Torrubia (director y conservadora jefe del CAAC, respectivamente), han reunido en esta estancia la documentación de dos exposiciones que, en 1985, sentaron las bases del coleccionismo público andaluz de arte contemporáneo: Ciudad invadida, organizada por Ignacio Tovar, que incluyó obras de todos los artistas citados y de otros que también se pueden ver aquí, como Antonio Sosa y José María Larrondo, y Andalucía, puerta de Europa, en la que María Corral y Tovar mostraron en Madrid, en Ifema, el trabajo de las dos generaciones de artistas andaluces anteriores al tsunami figurativo de los 80 -la de Carmen Laffón y Luis Gordillo junto con la de pintores abstractos como José Ramón Sierra o Juan Suárez que la sucedió-, integrando además a aquellos jóvenes talentosos "y muy callejeros que rehuíamos del conceptual porque estábamos más con la pintura", a decir de Agredano.
Numerosas obras de esa exposición pasaron a los fondos andaluces gracias al interés por crear una colección coherente del entonces director de Bienes Culturales, Bartolomé Ruiz, que confió en el buen criterio de Tovar -que trabajaba en el Museo Arqueológico- para tomar el pulso a la escena y dinamizar los fondos del Museo de Arte Contemporáneo.
"La generación de los 50, el grupo El Paso, había reivindicado las Postrimerías de Valdés Leal, la mística del Greco y Zurbarán, las pinturas negras de Goya... Pero nosotros, en los 80, éramos unos incrédulos. No reivindicábamos nada concreto, sino la libertad de la pintura", argumenta Rafael Agredano sobre aquellos años en los que "todo lo vivíamos intensamente. Era un momento histórico muy interesante y, en vez de quedarnos mirando, decidimos participar".
Esa "actitud punk", el descaro de la Transición sobre el que se ha vertido tanta literatura, la fijan en el Claustrón Sur del CAAC las excelentes fotografías de Miguel Trillo (con sus registros de la Movida madrileña y una juvenil Alaska) y Máximo Moreno, cuyos retratos de Camarón, Alameda o Lole y Manuel son, como el lienzo de los gaditanos Costus, estampas de una agitación creativa que invadió todos los campos de la cultura.
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