mundo obrero (una historia de la clase trabajadora en España) | crítica de teatro

La clase obrera va al paraíso

El director y actor Alberto San Juan. El director y actor Alberto San Juan.

El director y actor Alberto San Juan.

Sigue sorprendiendo la severa desmesura de Teatro del Barrio; un exceso en el sentido de la vieja hybris: subrayado el mensaje a transmitir, oteado el feliz horizonte de la Tercera República que nos hará libres, la sesión de teatro resulta lo de menos, un divertimento planificado y con el público convenientemente cautivo: Alberto San Juan y Lola Botello pueden interpretar a Ferrer i Guardia y Durruti el uno, y a Simone Weil –si la pobre levantara la cabeza– la otra, y luego pasar a otra cosa sin solución de continuidad, entre fogonazos que recorren el siglo XX español sin darse importancia.

Luis Bermejo, un topo de naturalidad y bonhomía, se cuela en el entramado

Mundo obrero cae así en la misma montaña rusa a la que nos tienen acostumbrados San Juan y cómplices, un débil hilvanado de escenas que pierde demasiado cuando, en vez de apostarse por los cuerpos y  las voces, se impone la dinámica de la voz en off (ahora junto a la canción) y el discurso regeneracionista. Aquí, no obstante, comparece una pareja de verdaderos actores, y, en especial, Luis Bermejo, uno de los mejores intérpretes de su generación, cuya versatilidad y temple instauran al menos la posibilidad del enigma entre las marionetas teledirigidas. Digamos, incluso y ahora exagerando nosotros, que Bermejo podría considerarse como una suerte de topo, un grumete de naturalidad y bonhomía que se cuela en el inane espesor de estos entramados teatrales y cinematográficos que Teatro del Barrio lleva años orquestando desde el ceño fruncido. Quizás algún día, amén de la Tercera República, llegue el motín de los actores contra el teatro de los altavoces.

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