Cabeza (negra) de familia

No hay otra opción | Crítica

Lee Byung-hu en una imagen del filme de Park Chan-wook.
Lee Byung-hu en una imagen del filme de Park Chan-wook.

La ficha

*** 'No hay otra opción'. Comedia negra, Corea del Sur, 2025, 139 min. Dirección: Park Chan-wook. Guion: P. Chan-wook, Don McKellar, Lee Kyoung-mi, Jahye Lee. Fotografía: Kim Woo-hyung. Música: Jo Yeong-wook. Intérpretes: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran, Yoo Yeon-seok.

Como en la popular y celebrada Parásitos de su compatriota Bong Joon-ho, Park Chan-wook encuentra en la familia coreana de clase media y su aparentemente plácida vida suburbial los síntomas y patologías de la descomposición del capitalismo moderno y cómo este se lleva por delante los pilares de la institución, los roles masculinos tradicionales y cualquier atisbo de ética con tal de cuadrar su balance de beneficios.

Lo hace también en clave de comedia negra en el límite de la caricatura, tono marca de la casa que, junto a una portentosa puesta en escena repleta de hallazgos, filigranas y soluciones inesperadas, hacen de Park uno de los directores más virtuosos dentro de las claves de un cine de vocación popular que no quiere acomodarse en las fórmulas que un día le dieran éxito (Old Boy, Sympathy for lady vengeance, Thirst, La doncella).

En Decision to leave y ahora en esta No hay otra opción, en la que adapta libremente al Westlake de The Ax y al Costa-Gavras de Arcadia (2005), Park explora, aprieta y subraya los resortes del thriller criminal, desnuda a sus personajes en el trazo grueso y los pone a pelear contra el sistema laboral y su degeneración tecnológica y deshumanizadora, al tiempo en que se desintegran sus códigos morales y quedan al descubierto sus flaquezas y limitaciones como padres de familia humillados y empleados ejemplares con un último aliento de orgullo.

El gerente con dolor de muelas que encarna en el tono preciso Lee Byung-hun (El juego del calamar) no deja de ser ese hombre de mediana edad expulsado a la realidad de su propio vacío existencial cuando la empresa papelera a la que ha entregado su vida decide echarlo a la calle, un salary man que ha reprimido sus adicciones y construido su imagen sin otro horizonte ya que el de convertirse en un torpe e hilarante asesino que, por supuesto, deja rastro, cadáveres a la vista, huellas dactilares y testigos oculares en cada nuevo intento de quitarse rivales del camino, crímenes imperfectos de los que Park saca petróleo tragicómico entre set pieces de alto nivel coreográfico-musical, buenas dosis de humor macabro y un desenlace que pespuntea sus tramas, metáforas e ideas para dejarnos con la sonrisa congelada.    

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