En la playa de Chesil

Puro McEwan: quien avisa...

Saoirse Ronan y Billy Howle, en una escena de la película. Saoirse Ronan y Billy Howle, en una escena de la película.

Saoirse Ronan y Billy Howle, en una escena de la película. / D. S.

Nunca me han interesado las novelas de Ian McEwan. He intentado leer un par y las he dejado. Tampoco las películas basadas en ellas me han interesado aunque las hayan dirigido Paul Schrader (El placer del viajero) o John Schlesinger (El inocente). Y una (Expiación de Joe Wright) me ha irritado por su pretenciosa pedantería que mal disimula su carácter de mona comercial vestida de sedas de autor. Lo digo para no engañar a nadie y dejar claro que me he enfrentado con una cierta desgana –no prejuicios: uno intenta ser objetivo hasta donde se pueda serlo– que por suerte o por desgracia ha resultado ser premonitoria.

Esta película aburridota y pretenciosa se basa en una novela de McEwan escrita hace once años que parecen 50. Él también la ha convertido en guión. La dirige Dominic Cooke, un más que maduro debutante hasta ahora dedicado al teatro y la televisión que parece no haber comprendido muy bien que ha cambiado el escenario por la cámara, cosa que sólo aporta valor en lo que a la dirección de actores se refiere, sobre todo en el caso de Saoirse Ronan. 

He aquí una pareja de jovencísimos, sexualmente inexpertos y enamorados recién casados, procedentes de clases sociales distintas, pasando su complicada luna de miel (¡es McEwan, por favor!) al borde del mar en una Inglaterra de principios de los 60, a caballo entre lo beat y lo pop, la literatura de los jóvenes airados y el free cinema, las carencias de los 50 y la abundancia de los 60. Tal vez para romper su aire teatral el guión (no sé, ni sabré, si la novela también lo hace) da saltitos en el tiempo que no aportan nada cuando lo hace al pasado (el meloso enamoramiento) y que resta cuando lo hace al futuro.

Toda la tontería pretenciosa (aunque supuestamente humana, diseccionadora, analítica) acumulada durante el más bien tedioso metraje estalla al final revelando la impostura: dos máscaras de viejos peor maquillados que Taylor y Hudson en Gigante. Aunque antes ya se ha revelado la impostura con las caricaturas en las que se resuelven los retratos de los personajes adultos. Una película de tres estrellas o hasta cuatro para los McEwanianos y de dos para los demás.

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