Dos vascos reunidos en el cierre del ciclo de Zahir
Ciclo de Música Contemporánea de Zahir Ensemble: La música francesa del siglo XX. Componentes: Javier Trigos, requinto, clarinete y clarinete bajo; Javier León, clarinete y clarinete bajo; Mario Fuertes, trompa; Celestino Luna, trombón; Francesca Romana Di Nicola, arpa. Solistas: Marie Teresa Nawara, viola; Óscar Martín, piano. Programa: 'Anatomías' de Luis de Pablo; 'Prélude', 'Menuet sur le nom de Haydn' y 'Gaspard de la nuit' de Maurice Ravel. Lugar: Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Fecha: Martes 22 de junio. Aforo: Un tercio de aforo.
El cierre del primer ciclo de Música Contemporánea de Zahir Ensemble resultó singular por varias razones: primero, por la ausencia del compositor español incluido en programa (esta vez, el bilbaíno Luis de Pablo), que, por norma, introducía los conciertos con una breve charla; segundo, por la brevedad de la cita, apenas 45 minutos de música; tercero, por la forma de la segunda parte, convertida en un minirecital pianístico.
Tras dos miniaturas ravelianas, el sevillano Óscar Martín ofreció la cuarta interpretación pública que se escucha este curso en la ciudad del Gaspard de la nuit, después de la ofrecida por Ivo Pogorelich en el Maestranza y de las dos del reciente Festival de Primavera de Juventudes Musicales. Versión muy personal, de tempi rápidos, muy contrastadas las tres piezas, de plástica y líquida agilidad Ondine, concentrada y serena, pero ligera, sin el menor asomo de trascendencia Le gibet, con gran énfasis sobre el color e impecable técnicamente el virtuosístico Scarbo, de dinámicas moderadamente amplias.
En la primera parte había sonado Anatomías, interesante partitura del más reciente Luis de Pablo, una obra escrita entre 2005 y 2007 de unos 25 minuto de duración para viola solista y ensemble formado por dos clarientes, trompa, trombón y arpa. Obra de sonoridades mates, gusto indisimulado por la melodía y una paleta de colores de resonancias norteñas. Dividida en tres movimientos, el maestro vasco explota los timbres otoñales de los instrumentos convocados, en especial en un segundo tiempo en el que la viola va dialogando con las diferentes secciones. La variedad textural y la densidad dominan el primer tiempo y un bullente estallido de frescura el final.
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