Análisis

Helena Arriaza

Arús y el desconcierto

Desconcertante. Así es Arusitys, el matinal que presenta Alfonso Arús en La Sexta. Los primeros días de emisión sorprendió para bien. Por fin llegaba a la televisión nacional un morning show alejado de los telediarios y los magacines que se reparten por el resto de cadenas. La Sexta necesitaba un formato en directo para hacer frente a sus competidores y completar su oferta informativa. La cadena de Atresmedia apostó por algo diferente. Un formato de actualidad pero más parecido a los programas matinales de la radio que a los de la televisión. El primer acierto es su hora de comienzo. El programa arranca a las siete y media de la mañana. Una ventaja para atraer al público que ya no tiene que esperar a que Susanna Griso y Xabier Fortes comiencen sus programas en Antena 3 y La 1 a eso de las ocho y media y a que Ana Rosa aparezca en Telecinco a las nueve. Otras de las cosas buenas que tiene Arusitys es que es un programa rápido (a veces demasiado), que trata la actualidad con humor, que aborda temas de lo más diferentes y que está destinado tanto a los jóvenes como a los adultos. Además juega con ventaja. Durante años se ha emitido en la televisión catalana, pero para el resto de españoles es algo nuevo. Esto implica que la mayor parte de la audiencia lo perciba como algo novedoso pero al mismo tiempo el presentador y sus colaboradores cuentan con un bagaje que les hace conocer el programa a la perfección.

Hasta ahí todo bien. Pero con el paso de los días Arusitys ha dejado al descubierto algunos de sus puntos débiles. Uno de ellos es la sonrisa permanente del presentador. Arús se toma demasiado en serio esa filosofía de vida que aboga por sonreír siempre, incluso en los malos momentos. Pero hay que tener cuidado cuando en televisión hablas sobre temas delicados. En ese instante no puedes acompañar el discurso de una sonrisa. En estas dos semanas que Arús lleva despertando a la audiencia en La Sexta ha habido momentos de mal gusto en los que presentador y colaboradores se han reído de situaciones y personas sin venir a cuento. La ironía es una de las grandes características de este formato y hay quien no sabe entenderlo. Otro sinsentido que no ayudó fue cuando se descubrió que alguien había decidido castellanizar el nombre de Arús. Alfons pasaba a ser Alfonso, y eso es algo que por mucho conflicto catalán que haya, no habría que permitir.

Lo bueno es que con la variedad de secciones y colaboradores (aunque alguna sea un tanto insoportable) y la larga duración del programa, los momentos fuera de tono quedan en un segundo plano. Igual de positivo es que haya secciones tan útiles como las que informan del tráfico y de la meteorología, algo que a la audiencia a esa hora de la mañana le interesa. Eso y la participación diaria de la colaboradora María Estévez, que cada día conecta desde Los Ángeles, lugar donde reside, para comentar las noticias que llegan desde América. Poco a poco los datos confirman que Arús está consiguiendo hacerse un hueco en la mañana.

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