Hojas de acanto

Milagros Ciudad

Hosanna, un grito de júbilo

14 de abril 2019 - 02:32

Recuerdo desde niña que tras una larga espera llegaba el Domingo de Ramos, día que todos estrenaban algo pues como dice el dicho popular: "Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos". Siempre se ha considerado un día gozoso, el primero de la Semana Santa, cuando iniciamos una peregrinación hacia el culmen de la misión de Jesús. Recuerdo ese Domingo de júbilo, algarabía y hosanna, como la ciudad se transformaba y se engalanaba para su Semana Mayor. Igual que ocurre actualmente, ya está todo preparado; los palcos y sillas colocados, los niños y niñas jugando en la rampa de la iglesia del Salvador, los balcones con las palmas nuevas, las túnicas planchadas con gran esmero, los escudos cosidos con puntadas de amor de madres a hijos… todo se vuelve a repetir año tras año como si se tratara de un sueño mágico que se hace realidad cada primavera. Como si la ciudad tuviera un despertar con un cielo azul lleno de esplendor, con un olor especial a incienso, azahar y palmas bajo el sonido musical de las hojas de palmas en señal de hosanna como la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén al lomo de un bello y dulce Platero. Cuando fue aclamado como rey por un tumulto que lo seguía y proclamaba, extendiendo sus mantos, ramas de olivo y de palmas a su paso. Gritando: "¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!". "¡Alabanza en las alturas!".

El Domingo de Ramos debe de ser para nosotros como el momento para proclamar a Jesús como el pilar fundamental de nuestras vidas, tal como lo hizo el pueblo de Jerusalén cuando lo recibió y aclamó como profeta, Hijo de Dios y rey. Los ramos de olivo y de palmas son el signo por excelencia de la renovación de la fe en Dios. Asimismo, recuerdan también la fe de la Iglesia en Cristo y su proclamación como Rey del Cielo y de la Tierra. ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en lo más alto!

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