Análisis

Jesús Alba

Marcelino lo clavó con José Antonio

Al asturiano, de lo que más le dolió de su salida del Sevilla fue no haber disfrutado más a Reyes

Reyes, sentado en el suelo tras recibir una falta en un derbi en Nervión. Reyes, sentado en el suelo tras recibir una falta en un derbi en Nervión.

Reyes, sentado en el suelo tras recibir una falta en un derbi en Nervión. / Antonio Pizarro

Tenía 14 años y ya apuntaba una revolución en el fútbol. Pablo Blanco recibía llamadas casi a diario mientras mimaba al que ya en toda España consideraban el mejor jugador del país con su edad. Sus diabluras en la selección española sub 16 junto al bético Alonso Larios, aquel chico de Hinojos al que también se llevó la carretera, tenían locos a los grandes. Con 16 años en su primera pretemporada, el primer día Ramón Orellana venía de aquellas exigentes sesiones en el campo de golf con las manos en la cabeza. Tiraba del grupo y lo dejaba atrás a una distancia insultante -sólo Moisés García podía seguirlo- con pulsaciones de estar tirado en el sofá. "Y está cortado, si no, tiraría más...", decía.

José Antonio Reyes iba como un tiro. En su risa franca y la vez picarona escondía unas ganas tremendas de comerse el mundo, mientras Paco, su padre, lo esperaba tras cada vuelta en la línea de meta atendiendo a quien necesitara un favor sin hacer ninguna distinción. Londres acabó de encumbrar todo lo que había apuntado con la camiseta del Sevilla, aquel gol al Espanyol, aquel otro al Valladolid, su sexta marcha y ese acelerón letal cuando al defensa le parecía estar equilibrando la carrera... Le dio una Liga al Real Madrid con dos goles al Mallorca, más títulos en Portugal y también en el Atlético, donde ya, aparte de correrlo, interpretaba el fútbol como los grandes, a lo Platini, desde esa posición en la que orientaba su zurda hacia dentro para dar pases geniales, como el de Varsovia a Bacca.

Marcelino le pidió a Monchi a Giovanni y se encontró con un jugadorazo en su vuelta que seguía siendo un niño por los caminos de tierra de la ciudad deportiva en los que aceleraba su Ferrari levantando una gran nube de polvo. El asturiano confesó que una de las cosas que más le dolieron de su salida del Sevilla fue no haber podido disfrutar de Reyes más tiempo. Lo clavó. A todos nos hubiera gustado disfrutarlo más.

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