Análisis

Roberto Pareja

Carme (n)

La torpeza de los políticos ayuda a romper amistades, pero una idea no puede estar nunca por encima de esas cosas

Érase una vez una mujer menuda que menuda es, tan afable como socarrona, con reflejos y saber propio nada necesitado de espejos en los que mirarse para ir por la vida y opinar, siempre ella misma, capaz de adoptar a un niño etiope para darle un hermano a su hija natural, fue conocerla y conectar, nos hicimos amigos y nuestra amistad crecía con el paso del tiempo como un robusto árbol que daba sombra a nuestras discrepancias, a las que siempre manteníamos a raya con respeto, humildad y comprensión, hasta que se cruzó el procés en nuestro camino y todo se fundió en una negra vibración.

Un desmoronamiento que sacude particularmente a Cataluña, como sucedía, y sucede, en el País Vasco, con familias y amistades rotas por culpa de una banda que a unos les resultaba un punto emanicpadora (el propio José María Aznar, entonces presidente del Gobierno, le hizo a ETA un guiño impropio con la mano tendida para negociar en 1998, llamándola como ella misma se hacía pomposamente denominar: Movimiento Vasco de Liberación) y a otros, lisa y llanamente, un grupo de asesinos totalitarios. Uno de sus epígonos, Terra Lliure, es ya otra excrecencia remota del pasado, pero su fantasma se ha aparecido con la violenta reacción a la sentencia del Supremo. La protagonizan en su inmensa mayoría airados menores de edad que no han conocido más que comodidades en su corta vida y que ignoran que llamar exiliado a Puigdemont es una falta de respeto a los republicanos que se las vieron con el franquismo, por mucha tricolor que exhíban en su viaje a ninguna parte los chicos de la cruzada secesionista.

No entienden que el nacionalismo es en última instancia un invento de gente interesada en desviar la atención de lo fundamental y en que los ingenuos se fijen en el dedo que señala a la luna, una patraña maniquea diseñada a fuego lento en las escuelas catalanas, que asimilan al resto de España con una república bananera llena de corruptos y vagos que les expolia y se echa a la bartola sobre su colchón. Mi ex amiga Carme (n) no llegaba a tanto. Ella decía que se quería independizar de Rajoy. Él ya no está, pero ella se ha echado al monte. Y no vuelve. Lo que ella llama presos políticos, uno les llama políticos presos... y nuestra amistad se ha ido al garete y se ha quedado como rehén en la nada. Ni nos hablamos. Las relaciones humanas siempre miran de reojo al abismo y no estoy dispuesto a que unos tipos interesados en el poder a más no poder me roben la armonía con mi gente ni a tolerar que mi gente me olvide por culpa de las torpezas de tanto macho alfa. Más pedagogía y menos publicidad engañosa, señores de la poltrona. Una idea nunca puede estar por encima de una amistad y ni mucho menos como la tuya, Carmen. "¡Que no me llames Carme!", me decía, ay.      

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