Análisis

helena arriaza

Risto, sé listo

Lo he intentado. He intentado dar más de una oportunidad a Todo es mentira. Mi predilección por Risto y el carácter de algunos de sus colaboradores han hecho que durante semanas haya visto el programa. Pero siempre termino con la misma sensación: No es suficiente. La idea es buena. Mostrar la cantidad de mentiras a las que estamos expuestos cada día es de agradecer. La intención de (casi) todo el equipo también lo es. La ironía del propio Risto, de Itziar Castro o Marta Flich aportan ese toque crítico tan necesario para las denuncias que hacen. Pero llega tarde. Muy tarde.

El principal problema de este formato que se emite en Cuatro cada tarde no es la competencia. El mayor problema es que debería haberse estrenado hace años. Los últimos intentos de esta franja horaria han sido pésimos. Ni Dani y Flo, ni Mujeres y hombres y viceversa, ni las series han logrado rescatar a la cadena de Mediaset de su peor momento. Todo es mentira podría haber sido un gran aliado. Pero Cuatro siempre llega tarde por su miedo a arriesgar. Su programación está copada de versiones de programas de nuestro país o de otros países y de formatos que de Telecinco han pasado a esta cadena. Es casi imposible que el programa despierte interés en estos momentos. Es inevitable compararlo con Zapeando. El programa que Frank Blanco presenta cada tarde en La Sexta está más que asentado y el perfil de espectador que consume este formato es similar al que intenta captar el de Risto. Pero esto no siempre supone un problema. Tan solo hay que ver como El Concurso del Año ha logrado hacerse un pequeño hueco en Cuatro frente a La ruleta, como First Dates hizo lo propio teniendo enfrente a El Hormiguero o cómo Arusitys en La Sexta no deja de batir récords de audiencia frente a Ana Rosa y Susanna Griso. Si un formato tiene lo necesario para triunfar, como mínimo logra ir ascendiendo. Y Todo es mentira está consiguiendo todo lo contrario. Apenas llega al medio millón de espectadores, una cifra que hace pensar que su futuro será más bien corto.

Desde su estreno hace algo más de un mes ha habido algunos cambios con los que han intentado reconducir el espacio. Pero mientras que a Zapeando le sirvió con implantar una mesa y no perder la esperanza, a Todo es mentira no le ha servido que Risto diera un discurso contra quienes criticaban el programa, que pronunciara unas palabras en contra de leer el cue, que conectaran en directo con Sálvame o que reciban en plató a colaboradores del programa de Telecinco. Porque esto no sirve de nada cuando hay algunas cosas que desconciertan. Como que algunos días el presentador no conduzca el programa o quemar tanto un tema como por ejemplo hicieron con el conflicto del taxi y los vehículos VTC. O que Eduardo Inda se convirtiera en el protagonista absoluto durante varios días.

A ver cómo afecta desde hoy el estreno del programa de Carme Chaparro. O mejor dicho, a ver cómo le afecta a Carme Chaparro tener cerca a Risto. Menos mal que con él siempre nos quedará el Chester. Porque aquí sí vemos al Risto al que sus seguidores, esos que apoyábamos su presencia en Operación Triunfo, esos que entendimos su cambio y esos que leemos sus libros, queremos ver. Así que Risto, sé listo. Elige el sofá y, de momento, deja las mesas.

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