El declive de San Lázaro
Caray con el panorama
Perpetuarse en la Moncloa es el objetivo, lo único que le importa al inquilino actual y para nada el interés general. El “no a la guerra” ya tuvo su efecto para que el PSOE recobrase el mando posibilitando a Zapatero imponerse al PP en aquel marzo de 2004 y Sánchez lo adopta eligiendo lo que sus palmeros consideran estar en el lado correcto de la Historia. O sea que rompemos con nuestros inquilinos de Morón y Rota para así agradar a los socios que lo mantienen en el Gobierno. Eso es así lo diga Agamenón o su porquero, pero vamos a ver cuáles son las consecuencias. Ni pensar en qué pasaría si se recibe una agresión externa, a ver con qué argumentos podríamos defendernos. Indudablemente, los tiempos que corren no son los más proclives al optimismo, ya que ya es un problema ecuménico los mandarines que ocupan las Casa Blanca y la Moncloa. Una broma macabra del destino que el mundo esté manejado por Trump y que España esté en manos de un tipo que sólo piensa en sí mismo.
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