El parqué
Rojo generalizado
Deriva que no puede ser más inquietante vamos a ver en qué rompe esta situación de misiles y drones navegando a su antojo. Es un dolor asomarse a los telediarios, con esas imágenes que por mucho que nos adviertan de su dureza, siempre se muestran aumentadas. Imágenes desgarradoras en que toda la ciudad se hace frente de batalla, ya sea Tel Aviv como Teherán, o esas orillas del Mar Negro que Putin masacra un día sí y al otro también. Y en el corazón del meollo, lo que se vendía como labor pacificadora de los Estados Unidos se ha convertido en unos allanamientos de territorio que estamos viendo cómo empiezan pero sin saber cómo terminarán. Que esa es otra, que hay que ver cómo los mandarines de turno, desde sus castillos amurallados, mueven a los pueblos como si fuesen polichinelas al pairo de cualquier misil que alguien envió desde un cobarde anonimato. Y así estamos, con un esbozo de guerra que deja en desairado lugar el papel del género humano, con lo peor de cada casa teledirigiendo los destinos de un juguete llamado mundo.
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