El parqué
Rojo generalizado
Las cofradías bajomedievales tuvieron un destacado protagonismo en el mercado financiero mediante la implementación de productos por los que cobraron los correspondientes intereses. Entre los cofrades y sus hermandades se dio una relación de índole económica, actuando las cofradías como un montepío al prestar dinero a sus miembros. Ejemplo es la Cofradía de Santa María de Agosto y San Sebastián, que prestó a Juan Martínez 3.025 maravedís en 1488. La documentación solo consigna, para evitar la condena por usura, la cantidad total prestada por lo que desconocemos los plazos de pago o el interés fijado.
Las hermandades también se beneficiaron de préstamos que les hicieron sus cofrades. En 1496 Diego de Malateja reclamó a la Cofradía de San Llorente de los tejedores todos los préstamos, no se especifica la cantidad, que le había hecho.
Otra parcela del mercado financiero que las hermandades cultivaron con especial intensidad fueron los créditos, concretamente la compra de rentas. El propietario de un bien que necesitaba dinero lo solicitaba, en este caso, a una cofradía poniendo como aval su propiedad. El préstamo debía pagarlo mediante una cantidad anual y para siempre jamás, lo que incluía a todos sus descendientes. En caso de impago la propiedad del bien que avalaba la inversión financiera pasaba a la hermandad.
Un ejemplo. En 1500 la Cofradía de San Sebastián prestó a Isabel de Medina 6.500 maravedís, siendo el aval unas casas que poseía en San Vicente. La cantidad anual que debía satisfacer era de 600 maravedís para siempre jamás. En caso de no pagar un año las casas pasarían a ser propiedad de la hermandad.
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