El parqué
Álvaro Romero
Otro récord del Íbex
Tras el alto el fuego navideño amanece de nuevo la hora de la verdad con su fuego real. Y la reaparición se produce en el intempestivo horario que solapa el fútbol con la hora de comer. La dictadura televisiva, esa que permite los indecentes sueldos de los artistas, hace que el Sevilla-Levante se juegue a la hora de la convivencia familiar, esa práctica que en estos días cobra especial relevancia.
Parece que pasó más tiempo del real de aquella goleada al Oviedo y también de la buena imagen ofrecida en el Bernabéu cuando por la bocana de vestuarios nervionense aparecerá el colista. Llega el Levante y lo hace de la mano de Luís Castro, el portugués que cogió el puesto que dejó Julián Calero, técnico por cierto que devolvió a los granotas a la División de Honor.
Y esta circunstancia le da al partido un plus de inquietud, ya que el viejo dicho de a entrenador nuevo, victoria es algo que se repite con cierta frecuencia. Y a eso se contrapone la sanción que impide a Matías Almeyda sentarse en el banquillo. Entrenador nuevo por un lado y entrenador suplente en el otro le dan al pleito un plus interesante.
No obstante, el uno en la quiniela es el pronóstico de consenso. El Sevilla llegó al parón navideño con su imagen muy mejorada y aunque el número de bajas resulta considerable, lo lógico es que todo se resuelva a su favor. Y en cuanto acabe, el fútbol según Sevilla continúa con un Madrid-Betis apasionante, pero esa es otra historia.
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