La ventana
Luis Carlos Peris
Transición manipulada
Respiro hondo a la hora de comer del último domingo de febrero. El Sevilla llegó al centro geográfico de la península Ibérica con el agua al cuello y volvió por su pie y con el agua por las rodillas. Por supuesto que fue de agradecer la rigurosidad del árbitro con Djené para dejar al Sevilla en superioridad numérica durante más de una hora de partido, pero la cita dejó varias conclusiones y todas muy positivas.
Por ejemplo, que los futbolistas están con su entrenador, pues de otra forma no se comprendería el ardor puesto en la pelea. Ardor para ganar duelos ante un rival experto en duelos que convierte ese apartado en la base de su andadura. Y como hace unos meses en Vallecas, el Sevilla tuvo la rara habilidad de hacerse con los tres puntos mediante un solo tiro a puerta. Fue, eso sí, gracias a una combinación triangular que gestó con brillo Januzaj continuó Adams y resolvió Sow con la colaboración de Soria.
Lo menos bueno fue lo de acabar colgado del larguero sin aprovechar la superioridad numérica. Fue un triunfo que oxigena a la vez que alegra las pajarillas con vistas a lo del próximo domingo en la Cartuja. Pero insisto en que la lectura principal que deja la victoria en Getafe es la comunión de futbolistas y entrenador. Impresionante, por cierto, la imagen de Almeyda hecho polvo mientras su tropa se defendía panza arriba en los estertores del pleito. Triunfo cuasi trascendente y un futuro que asusta mucho menos.
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