La ventana
Luis Carlos Peris
Agobiante corrupción
Estábamos ante una cita clave en el corazón de una temporada ilusionante, pero iba el Betis a la batalla demasiado disminuido. Un puñado de ausencias y casi todas de jugadores fundamentales, titulares indiscutibles en su inmensa mayoría y básicos en media docena de ellos. No era la Unidad B, sino C, D o quién sabe cuál la que iba a validar de forma definitiva su pase matemático a cuartos de final.
Y a la hora de la verdad, el Betis le mantuvo el pulso a un rival más aguerrido y que iba a los duelos con bastante más decisión. De todas formas, al descanso se llegaba sin que pareciese peligrar el resultado, pero todo cambió de forma espectacular. El centro del campo, que había estado bajo control, se iba diluyendo para que proliferasen lances que son habitualmente nocivos para los de Pellegrini, un chaparrón de centros laterales que provocaban una copiosa lluvia de balones sobre los dominios de Pau López.
Y en uno de éstos sobrevino el gol de Zivkovic cuando se cumplía el minuto 67 y ya la nave bética zozobraba más de lo deseable. Ocurría cinco minutos después de que Pellegrini mandase a la pelea a Lo Celso y Marc Roca. Y en el colmo de los contratiempos, el argentino pedía el cambio seis minutos después entrar en cancha. Luego un penaltito de Morante le ponía la rúbrica a una mala noche. Conseguida ya la clasificación, el próximo jueves tiene la oportunidad ante el Feyenoord en la Cartuja de librarse de ese fastidioso plus del play off.
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