DIEZ NEGRITAS

Menos máscaras, más mascarillas: la pandemia sigue

Diez negritas

Diez negritas

Un año después de proclamar que habíamos vencido al virus y ofrecer el regreso a la nueva normalidad, que apenas duró unas pocas semanas antes de que una nueva ola arrasara con los buenos deseos y después a ésta le siguieran otras olas devastadoras... este verano el Gobierno ha repetido proclamando el fin de las mascarillas y la resurrección de las sonrisas. Días después, en el homenaje del Palacio Real, han tenido que oír esto.

1.- Dra. Díaz Diñeiro

“Pido a nuestros gobernantes que no dejen de tener presentes a nuestros fallecidos, que no olviden nuestro dolor. Saldremos adelante, pero deja ausencias que ocupan demasiado, silencios atronadores, heridas que ningún cirujano puede cerrar”.

Un golpe de realidad frente a la política.

2.- Carolina Darias

“Las mascarillas dejan paso de nuevo a la sonrisa (...). Nuestra sonrisa volverá a nuestras calle”.

3.- Pedro Sánchez

“Volveremos a disfrutar en la calle de una vida sin mascarilla... Nuestras calles, nuestros rostros recuperarán en los próximos días un aspecto normal y, por tanto, comparto que la alegría de vivir de la sociedad española... Vamos dejando atrás lo que llamábamos la nueva normalidad el pasado verano para aproximarnos cada vez más a la normalidad a secas”.

En las calles, más que sonrisas, cada vez hay más mascarillas, mientras aumentan los muertos y hospitalizados a mayor ritmo que un año atrás en estas mismas semanas a pesar de la vacunación. Variantes más agresivas y eventos supercontagiadores sobre todo entre los jóvenes –botellones, viajes a las costas, fin de un curso restrictivo con las hormonas dispuestas a salir embistiendo como Miuras en los toriles– han obrado con lógica implacable. Lo que ha quedado al descubierto, más que sonrisas, es el efecto propagandístico de la medida para contrarrestar los indultos. La quinta ola ha helado las sonrisas de protección oficial

Comunidades desnortadas

Y ahora las comunidades, sin seguridad jurídica, a expensas de los tribunales y de sus propias contradicciones, se enfrentan a una gestión complicada. En Valencia sí, en Canarias no, en Cantabria quizá, en Cataluña en parte... El Gobierno traspasó la gestión a las comunidades sin dotarlas de instrumentos para actuar, después de haber comprometido un año atrás ese instrumento legislativo. ¿Por qué nunca llegó?

4.- Edmundo Bal

“Le pedí constantemente a Carmen Calvo que cambiásemos la ley, pero el PSOE se negaba en rotundo con tal de no enfadar a sus socios separatistas y nacionalistas”.

Es la hipótesis más verosímil: el Gobierno anunció esa ley, pero claudicaron después al verse amenazados por sus socios nacionalistas, ya que suponía recentralizar competencias de las comunidades. Es una ironía que ahora Cataluña sea la comunidad en peor situación, sin herramientas eficaces, y que Urkullu se aferrara al estado de alarma perdido. El inagotable veneno del nacionalismo.

Y a falta de herramientas, llega la sentencia del TC.

5.- Juanma Moreno

“[La sentencia del Tribunal Constitucional] pone en jaque y en solfa las decisiones que se han tomado. Necesitamos seguridad jurídica y que tomemos las mismas decisiones en todas las comunidades autónomas. Si no, vamos a tener problemas serios”.

Las comunidades a menudo han incurrido en contradicciones sobre el liderazgo y el modelo de gestión de la pandemia, con o sin mando único, con o sin mando compartido, con o sin uniformidad de normas. Finalmente tuvieron que enfrentarse a lo obvio: sin estado de alarma, quedaban muy expuestos. Pero el Gobierno optó por desoírlas y acabar con el estado de alarma. ¿Por qué prescindir de esa última red de seguridad? Previsiblemente –aquí quedó escrito hace semanas– porque al Gobierno le filtraron desde dentro que el TC iba a declarar inconstitucional el estado de alarma, y se precipitó a dejarlo decaer, jugándosela a que las vacunas ganarían la batalla. Salió nones.

¿Qué hacer? Ir contra el TC

Tras la inconstitucionalidad del estado de alarma, cabe prever que la cosa empeore con la anulación tras el verano de la prórroga del estado de alarma de seis meses que entregaba la gestión a las comunidades. Y ahí la censura del TC será mayor, porque ya no es una cuestión técnica –eso que Margarita Robles desdeña como “elucubraciones doctrinales”– sino de calado político: el Gobierno adulteró el espíritu constitucional con la prórroga de seis meses para limitar definitivamente el control parlamentario.Ante este panorama, la reacción el Gobierno ha sido tratar de desacreditar al Tribunal Constitucional.

6.- Pilar Llop

“El Gobierno respeta, pero no comparte la resolución ante el recurso de Vox, por cuanto que el confinamiento del estado de alarma permitió salvar cientos de miles de vidas”.

7.- Ione Belarra

“Yo creo que tenemos un problema con la Justicia muy serio en España; son los jueces quienes le están haciendo la oposición al Gobierno”.

Lo de Belarra resulta tan grosero, tan groseramente escandaloso, que lo del PSOE parece institucionalidad pura. Pero no; es un espejismo. Que el socio populista golpee contra el poder judicial se da por descontado, pero que el PSOE cruce esa línea es más problemático. El Gobierno ha ido en bloque a sembrar dudas, o desacreditar abiertamente, al Tribunal Constitucional. Incluso Margarita Robles ha cuestionado su “sentido de Estado”, como si al TC le correspondiera no defender la Constitución sino al Gobierno. En fin, de Podemos cabe esperar lo dicho por Echenique al denominar al TC como Tribunal Voxtitucional, pero vuelvan a leer la frase de Llop llena de detalles, y ya se sabe que el diablo está en los detalles: 1) Hablar de “recurso de Vox” como si quien presentase el recurso desacreditara la sentencia; 2) defender “el confinamiento”, algo que no cuestiona el TC, cuyo dictamen comparte el confinamiento pero cuestiona el instrumento elegido para decretarlo; y 3) Hablar de “salvar vidas”, sugiriendo que el TC desprecia el valor de esas vidas defendidas por el Gobierno. He ahí el imponente estreno de la nueva ministra de Justicia.

Y lo de Cuba, claro...

Lo de Belarra sobre el TC explica bien cuánto les gusta Cuba, asunto por cierto de otro estreno estelar: la portavoz Isabel Rodríguez. El papelón del Gobierno con Cuba sólo se ha salvado por el papelón de la oposición de derechas, sobreactuando con hechuras de drama de honor, y por supuesto falsamente si se compara con lo hecho respecto a Cuba por los gobiernos del PP con Aznar y Rajoy, por no mencionar al padrino fundador, don Manuel.

Cs y los ex presidentes

La política a menudo parece encajar en la definición de Groucho: “el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. ¿Pensión vitalicia para los ex presidentes? Es algo que el PSOE lleva tiempo persiguiendo, después de que Griñán en 2011 eliminara el llamado “pensionazo” de tiempos de Chaves. Hay un documento del PSOE en junio proponiendo una solución al actual Gobierno. Desde el Gobierno no se descartó, e incluso se ha avalado la propuesta con mensajes públicos de “dignificar” la figura de los ex presidentes. Pero más allá de las buenas intenciones, se daba un mal contexto para que algo así fuese adelante. Cs, UP-A, AA y Vox se opondrían y habría ruido. Y desde el PSOE, viéndolas venir, se anticiparon con astucia de viejos zorros y filtraron que era iniciativa del PP. Eso sí, no han desmentido el documento suyo con la propuesta. Se diría que optaron por golpear a sabiendas de que si se golpea primero, se golpea dos veces. Y así fue: todos los grupos parlamentarios, socios o adversarios, se lanzaron contra el PP pillado en órsay. Parafraseando a Corleone, “no es nada personal, sólo política”.

8.- Marta Bosquet

“Donde esté Ciudadanos, es freno para las situaciones que plantearon algunos miembros del Gobierno andaluz como las pensiones vitalicias. Los ciudadanos tienen que valorar lo que hace Ciudadanos frente a las políticas del PP y PSOE”.

Ciudadanos se aferra a la bandera de la regeneración, una de sus banderas fundacionales, aunque no ayudó mucho que un portavoz dijera que se habían enterado por la prensa mientras Bosquet se apuntaba el tanto de frenarlo.

El mal de Andalucía

Centralismo y localismo han sido un lastre, quizá el lastre más pesado, para la comunidad andaluza. Sobre esto, el alcalde de Málaga protagonizó un inusual diálogo con el alcalde de Sevilla.

9 y 10.- Juan Espadas y Francisco de la Torre

“–Hacer una autonomía centralizada no se le ocurre ni al que asó la manteca. ¡Para eso ya teníamos un estado centralizado! ¿Cómo crear una autonomía centralizada? ¡Por Dios! A un Estado centralista estábamos acostumbrado, pero unos que salen nuevos... (...) Y caían en el catetismo de no pensar más que en su ciudad, porque, bah, lo demás me pilla lejos. Eso ha sido siempre un error histórico”

“–Tenías una visión más municipalista, más ambiciosa de la que en su momento había, y luego se ha demostrado cierta. Al César lo que es del César”.

El alcalde de Málaga puso en evidencia el centralismo corrosivo que marcó la construcción de la administración andaluza, y que perseveró hasta entrado el siglo XXI, con ejemplos tan regresivos como las cuencas hidrográficas. El alcalde de Sevilla admitió, cortésmente, que la razón estaba en la visión municipalista de De la Torre, con el antecedente del gran alcalde socialista Pedro Aparicio. En Europa, el peso no se reparte entre Estado y regiones, sino entre Estado y ciudades.

El alcalde de Málaga fue más allá del centralismo y también cargó contra el localismo. Esta misma semana recordaba que él apoya la incubadora de la Agencia Espacial Europea en Sevilla y también la candidatura de Granada para el acelerador de partículas IFMIF-DONES, pero se lamentaba amargamente de que ninguna de ellas apoyase a Málaga en su demanda de la Agencia Europea del Medicamento. En fin, más allá de que Málaga también haya incurrido en lógicas localistas muchas veces, hay algo obvio: o las ciudades andaluzas entienden que la fuerza de las demás hace más fuertes a todas, o seguirán siendo enemigas del progreso de Andalucía.

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