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Crónica Personal

El mayor disparate de la diplomacia española

Política exterior. La torpeza de González Laya al traer clandestinamente al líder saharui debería costarle el puesto y Sánchez tendría que recapacitar por sus agravios a Marruecos

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. / Fernando Bizerra / Efe

Brahim Ghali, líder –muy cuestionado– del Frente Polisario, ha viajado a España una media docena de veces en los últimos años. Sin problema. El Gobierno español, a través de Exteriores, informaba a Marruecos de las circunstancias del viaje, que el país norteafricano aceptaba. De la misma manera, el antecesor de Ghali, Abdelaziz, vino en innumerables ocasiones, se entrevistó con autoridades y dirigentes de varios sectores y también con periodistas, casi siempre con fuertes críticas al Gobierno marroquí.

También ha sido habitual el desplazamiento de periodistas españoles a los campos de Tinduf, en territorio argelino próximo a la frontera, donde viven desde hace años docenas de miles de saharauis. Esos reporteros nunca sufrieron represalias marroquíes por ir de la mano del Polisario para informarse y algunos incluso no tuvieron problemas para entrevistarse con el rey Hassan, caso de esta periodista. Lo habitual era que el Ejecutivo marroquí, para contrarrestar la operación del Polisario, invitara a prensa española a conocer distintos puntos del muro de 2.000 kilómetros construido por Marruecos para tratar de aislar el territorio que reclaman los saharauis.

Estos datos demuestran que traer clandestinamente al líder del Polisario, supuestamente por el coronavirus, se planteó de forma frívola e irresponsable. Un fallo diplomático de tal envergadura debía obligar a Pedro Sánchez a reflexionar sobre la continuidad de su ministra de Exteriores. Por torpe, por desconocimiento de cómo se rigen las normas de las diplomacia –no hace falta ser diplomático para conocerlas, ni Margallo, ni Solana, Matutes, ni Ana de Palacio lo eran–, sino tratar de informarse de las relaciones entre países, más aún cuando son vecinos y en este caso mantienen desde hace décadas un contencioso que perturba las relaciones: la territorialidad de una antigua colonia española, el Sahara, así como la españolidad de cinco plazas en el norte de África, las más importantes Ceuta y Melilla.

Que nunca han sido marroquíes, siempre españolas. La reivindicación se debe exclusivamente a su situación geográfica, incrustadas en Marruecos como está Gibraltar en España o Mónaco en Francia. Histórica, cultural e identitariamente siempre han sido ciudades o peñones españoles.

Imposible mantener un secreto

La ingenuidad de la ministra González Laya se convierte en torpeza de dimensiones inaceptables cuando pretende que la operación de trasladar a Ghali a Logroño sea secreta, para lo que se prepara una documentación falsa. Hasta un adolescente mínimamente interesado sabe que los servicios de Inteligencia marroquíes trabajan en España intensamente, colaboran de forma muy eficaz con los servicios españoles en la lucha contra el yihadismo y, precisamente por esto, se mueven en círculos que les permiten detectar cualquier movimiento sospechoso. Marruecos conoció el ingreso de Ghali en un hospital de Logroño probablemente antes de que llegara el enfermo... e informó de inmediato a su Gobierno.

El Ejecutivo de Sánchez empezó a sumar agravios desde que tomó posesión, a los que Marruecos estaba muy atento. El socialista fue el primer presidente que no consideró adecuado ir a Marruecos en su primera visita como jefe de Gobierno, y tampoco corrigió a Pablo Iglesias cuando siendo vicepresidente no dudó en declarar que el Sahara pertenecía a los saharauis y no a Marruecos y debía celebrarse un referéndum. De hecho, tampoco se ha escuchado desde el ala socialista una palabra de desautorización de la nueva reivindicación saharaui de Podemos, en plena crisis por la invasión de Ceuta por miles de marroquíes que entraron ilegalmente. Entre ellos más de 1.000 menores, parte de ellos niños a los que se engañó prometiéndoles la asistencia a un partido en el que jugaría Cristiano Ronaldo.

La situación de esos menores es complicada. No pueden ser devueltos a su país de origen como se hace con los adultos, la ley lo prohíbe a no ser que lo soliciten formalmente sus familiares... que de forma mayoritaria prefieren que el Gobierno español se haga cargo de ellos, pues piensan que en algún momento conseguirán crearse una vida nueva en España mientras que en Marruecos no tienen ningún futuro.

El futuro de los MENA

Han vagado por las calles ceutíes hasta que el jueves se decidió alojarlos en tiendas de campaña en el campo de fútbol, mientras se busca una salida a su situación. Se ha anunciado que se enviarán a la Península 200 menores no acompañados que se distribuirán en las diferentes comunidades.

Varios presidentes han expresado su incomodidad no por acogerlos, sino porque el Gobierno central decide sin contar con ellos... y no facilita unos mínimos fondos para costearles vivienda, sanidad, alimentación y educación. Coincide esta decisión sobre los MENA con un rechazo social creciente a su presencia en diferentes ciudades, donde en muchos casos se ha incidido en que delinquen sistemáticamente y que se niegan a aceptar la reinserción social respetando las leyes.

Esa imagen, espoleada por Vox, tuvo su principal reflejo cuando el partido de Abascal anunció que rompe su alianza con el Ejeutivo de Andalucía (coalición PP-Cs) si aceptaba hacerse cargo de los 13 menores marroquíes que le correspondían en el reparto. Abascal viajó a Ceuta en plena crisis para hacer un alegato en el que de nuevo identificaba a los inmigrantes marroquíes con las inseguridad ciudadana y exigía que el Ejército interviniera en Ceuta.

Que ha intervenido, pero no como gustaría al líder de Vox. Policía, Guardia Civil y Ejército han dado el do de pecho socorriendo a los marroquíes que entraron de forma ilegal, la mayoría a nado. Las imágenes del rescate han demostrado el coraje, la dedicación y la sensibilidad de los militares, entre ellos legionarios, así como de los cuerpos de seguridad del Estado.

Imagen que contrastaba con la indignación generalizada ante la torpeza inconmensurable del Gobierno, sobre todo de la ministra de Exteriores. Algunos medios aseguran que el ministro del Interior, Grande-Marlaska, expresó incluso por escrito su desacuerdo con aceptar la hospitalización de Ghali en España, porque temía las consecuencias. Si es así, significa que también Sánchez conocía la operación... lo que demuestra que el presidente es un ignorante respecto a lo delicadas que son las relaciones con Marruecos y la gravedad de las consecuencias para nuestro país si se rompe el difícil equilibrio que se ha llevado durante décadas.

No se trata de someterse a un chantaje marroquí, sería inaceptable, sino de conocer bien la situación, cómo la población siente de forma mayoritaria que Ceuta y Melilla les pertenece y no va a más porque el rey marroquí lo sujeta –Hassan primero y Mohamed VI después– y que hay que ser muy cuidadosos con el Jefe de Estado marroquí. Por las plazas españolas y porque de él depende que centenares de miles de marroquíes no lleguen en masa a las costas españolas y conviertan este país en un infierno, porque no está España en condiciones de asumir una ola inacabable de personas que llegan sin nada, sólo con su obsesión de construirse una nueva vida.

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