En cada lágrima
Pablo Colón Perales
Paisaje
En la Iglesia de San Martín, el monte Calvario, anuncio de su Sagrada Lanzada. Siete azucenas al pie de la Virgen María evocan los siete dolores que traspasaron su corazón. Los brotes irregulares de flores rojas y el cáliz vertido, la sangre derramada del costado del Redentor. En estas mismas páginas, glosaba El Fiscal cierta vuelta a utilizar doseles pintados como fondos de calvarios en los altares de cultos que evocan paisajes y estampas de antaño.
Los jóvenes priostes explican cada detalle del montaje simbólico para expresar el misterio titular de la hermandad. En estas tardes junto a jóvenes entusiastas en el servicio a su hermandad –como en otros puntos de la ciudad– han hecho con sus horas crecer la belleza que predispone el alma al culto y a la devoción.
Momentos y etapas de la vida que dibujan los paisajes de nuestra Semana Santa. Un paisaje con figuras. Con rostros y vidas concretas. En ese paisaje que dibujan los perfiles de tantas vidas, caben todas las miradas. No hay, no puede haber, una mirada única en algo tan personal y tan abierto a la vida de los suyos. Dios en la ciudad acontece en cada corazón, en cada sensibilidad. Uniendo generaciones. No pocas veces en este paisaje a la vida que es la cofradía, acercando a los que pudieran encontrarse alejados. Así es el corazón y la verdad de la Semana Santa. Como en aquellos preciosos retablos cerámicos callejeros, donde se alza el crucificado o camina el Nazareno, un paisaje lleno de vida que acompaña a nuestro Redentor. Como el misterio de amor que en estas tardes descubren tantos jóvenes en las priostías de nuestra ciudad.
También te puede interesar