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Análisis

Juan Lebrón

Productor de cine

Un puro con Rubalcaba

Oí hablar de Alfredo Pérez Rubalcaba, a mediados de los años setenta, atreves de una conversación de Félix Rodríguez de la Fuente con Miguel de la Cuadra-Salcedo. Ambos, amantes del atletismo, se referían apasionadamente a "ese"chico cántabro" que en la Ciudad Universitaria, había logrado, por primera vez en nuestro país, correr los 100 metros lisos por debajo de los 11 segundos. Quizás inspirado y tratando de emular a los luchadores de los derechos civiles norteamericanos y campeones olímpicos del mayo 68 en México: John Carlos y Tommie Smith.

Pasaron los años, y en ese punto, lograr reunirse con Rubalcaba y fumarse después un puro con él, era algo así como visitar al Papa y esperar a que te desvelara el secreto de la Santísima Trinidad. Su prestigio, su conocimiento, sus ideas políticas definidas y la ruta a seguir para conseguir un mundo más justo y democrático, unido a su proverbial empatía, le convertían, a ojos de muchos de nosotros, en nuestro particular "Olof Palme". Socialdemócrata convencido hasta las trancas desde los patios del colegio del Pilar, como tantos otros socialistas ilustres, sentía una especial satisfacción en lograr la "conversión" a su causa, de los viejos luchadores comunistas contra el franquismo. Cosa que consiguió con creces.

Aquel día, llamé a mi amigo, el director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, para formularle una inusual petición: el Consejero de la Junta de Andalucía y marido de mi íntima amiga desde la infancia en Antequera, María Jesús Rios: Paulino Plata, me preguntaba si había alguna posibilidad de que a través de mis contactos en Madrid yo pudiese organizar un encuentro con Rubalcaba. Ya se sabe que entre cántabros en Madrid, no se niegan nunca casi nada. Así que los cuatro pudimos disfrutar de una comida, para mi memorable, en una tasquita ilustre de la calle Jorge Juan.

No se lo que aquella reunión supuso para Paulino Plata, aunque sospecho que, dada su extraordinaria, larga y fructífera trayectoria política, algunas ideas y consejos valiosos debió extraer de la comida. Si se lo que significo para mi. Por primera vez, y gracias a su extraordinaria capacidad didáctica y expositiva, y a sus grandes ideas cristalinas y de progreso, pude comprender y visualizar el verdadero efecto de la realpolitik, contra mi, hasta entonces, formación marxista teórica y filosófica insuficiente de la política. Creo, que como muchos otros de mi generación, a Alfredo, y a otros pocos como el, le debemos nuestra "caída del caballo".

En estos tiempos de ideas y comportamientos volátiles, coyunturales y sin fundamento, se va una persona justa,incansable, honesta, trabajadora, brillante, con ideas sólidas y de progreso que tanto necesitamos...

Creo que, independientemente de la ideología de cada uno, todos los españoles de bien le vamos a echar de menos.

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