Análisis
La doble cara del Derecho Internacional en Venezuela
Inmersa en esta distopía de serie B, España afronta ya un nuevo parón en la construcción de un cambio de modelo productivo. Ese paradigma que nunca llega. 2022 tampoco va a ser al año del despegue. Tras la crisis del ladrillo de 2008, que arrasó profundamente la economía española y volteó a bancos, cajas de ahorros, empresas y millones de familias, se declaró urgente desarrollar un modelo de crecimiento que no dependiera del ladrillo.
Los discursos siempre son fáciles (un futuro basado en el I+D + i, las oportunidades tecnológicas, en la formación etc) pero la transformación es bastante más difícil. Superada la crisis financiero-inmobiliaria, tras un breve paréntesis, la covid volvió a poner bocabajo las buenas intenciones. Y aún conviviendo con las nuevas -y parece que inacabables- cepas del virus, la invasión de Ucrania por Rusia nos coloca una china más gorda aún en el zapato. La conclusión es que el cambio de modelo, el diseño de una economía competitiva, digitalizada, sostenible y avanzada que ha de llevarnos a la cabeza de las economías más desarrolladas de nuestro entorno, vuelve a sufrir un parón que posiblemente no nos podamos permitir.
El 21 de abril de 2021, hace menos de un año, el gobierno aprobó el Plan de recuperación, transformación y resiliencia, un conjunto de medidas articuladas a través de los fondos next generation, que impulsa inversiones y reformas estructurales que permitirán avanzar hacia un futuro desarrollo "más verde, digital y más cohesionado desde el punto de vista social y territorial". Lo de más verde, de momento se enfrenta a una de las mayores crisis que hemos vivido por el precio de los combustibles fósiles. No sólo ampliaremos los gasoductos para permitir que entre en el circuito europeo más volumen gas de Argelia sustituyendo al gas ruso, sino que la preocupación prioritaria que se ha instalado es controlar el precio de los carburantes y de la electricidad.
España y Portugal van a proponer que el precio del megavatio vuelva a toparse en 180 euros, el límite establecido hasta que el reglamento europeo lo elevó hace un año. Esos 180 euros parecen hoy una proeza pero en realidad cuadriplican los precios habituales en España antes de 2021, el año de las subidas desorbitadas. Facua, la asociación de consumidores, por ejemplo, pide que se establezca el máximo en 50 euros.
Ni de la pandemia ni de la invasión de Ucrania cabe culpar al gobierno. Pero de la gestión de ambos acontecimientos, sí. Y es ahí donde la juega el Ejecutivo. Las consecuencias son globales pero cada país tendrá que afrontar su cuota. Solo en la eurozona la invasión rusa va a restar 1,4 puntos (una cuarta parte del previsto) al PIB en el primer año de guerra, además de añadir dos puntos más a la inflación. Esto representa un impacto relevante e inesperado para la maltrecha economía europea justo cuando empezaba a librarse del efecto pandemia.
La crisis de las materias primas, aparte de los combustibles, especialmente cereales y aceite de girasol, está provocando ya subidas generalizadas y en algunos casos - como en el sector conservero- amenaza con estrangular la producción. Y añadamos que firmas españolas como Inditex (que obtuvo 240 millones de beneficio en Rusia en 2021, su segundo mercado), Gestamp, Acerinox, Aneccop, Mango o Fluidra ya han decidido poner fin a sus operaciones en Rusia, lo que repercutirá directamente en su cuenta de resultados y por lo tanto en su desarrollo y posiblemente en el empleo. No, no hay buenas noticias.
Otra consecuencia de la guerra es el retraso de la reforma fiscal pendiente. Al contrario, Hacienda estudia ya la adopción de medidas fiscales que amortigüen la dislocada subida de precios en algunos sectores y servicios. El informe redactado por el comité de expertos y entregado hace solo unas semanas va directamente al cajón ante la nueva realidad pese a que se trata de acuerdos asumidos por el gobierno ante la Comisión para la aplicación del plan de Recuperación y la recepción de los fondos europeos correspondientes que debe hacerlo posible ¿Alguien cree posible incrementar los impuestos a los carburantes, como prevé el documento, con un tramo verde en estas circunstancias? En miles de gasolineras de España un litro de combustible cuesta ya dos euros.
El problema es que las urgencias siguen taponando lo importante: un modelo que permita recuperar a los jóvenes que se marchan a trabajar a otros países. Casi la mitad de los más cualificados emigran al extranjero ante la falta de oferta adecuada a sus conocimientos y, en la mayoría de los casos, de la retribución y las condiciones laborales óptimas. Huyen de la precariedad. Y con ellos se pierde talento e impulso. No se trata de demonizar el sector de la construcción, que es parte sustancial del PIB, intensivo en empleo y además de difícil sustitución a las bravas. Pero sí de crear las condiciones para generar un crecimiento con valor añadido que no dependa de cuántos sacos de cemento acarreamos.
La idea del desabastecimiento catapulta a buena parte de la población hacia el supermercado provocando que, en efecto, se generen problemas puntuales con algunos productos. La crisis de las materias primas, especialmente del maíz y la soja, disparadas de precio, con las que se alimentan las vacas empiezan a crear problemas para la producción de leche. Y sabido es que la distribución del aceite de girasol -se vaticina que su precio subirá por encima del aceite de oliva- ha entrado en barrena. Los problemas derivados de la invasión de Ucrania unidos a la huelga de transportes de mercancías por el precio de los carburantes, una protesta al margen del Comité Nacional de Transporte por Carretera, suma un panorama visualmente más apocalíptico que problemas reales. Hay problemas puntuales pero los supermercados no son un caos, por mucha foto descontextualizada que circule por ahí. España tiene un elevado nivel de autonomía y abastecimiento alimentario. No contribuye en nada a una situación de crisis como la que vivimos añadir nuevos motivos para el temor y el desaliento.
1 UP paga los platos rotos del CIS
El nuevo modelo de cálculo del CIS ha beneficiado a PSOE, PP, que suben más de dos puntos cada uno, con ventaja de casi ocho puntos para los socialistas, aunque los populares registran un incremento de 2,5 puntos tras la caída de Pablo Casado. Y a Vox, que se coloca por primera vez desde que comenzó la legislatura por encima del 15%, estabilizado como tercera fuerza. El único que cae es UP, dos puntos. Y Cs, que sigue despeñándose hasta el 3,2% de los votos, lo que le sitúa prácticamente ya extraparlamentario en las circunscripciones más grandes. El bloque de las izquierdas (PSOE + UP + Más País) supera en dos puntos al bloque de las derechas (PP+ Vox + Cs). Yolanda Díaz, primero, y Pedro Sánchez, después, son los líderes mejor valorados. Félix Tezanos, presidente del CIS, discutido por sus errores concatenados en las predicciones del instituto público, decidió cambiar el sistema porque subestimaba el voto de Vox. Ha necesitado 22 elecciones, desde que fue nombrado en 2018, para reparar en que en cada una de ellas subestimaba electoralmente a Vox y sobrevaloraba las expectativas de la izquierda. En concreto, 4,7 puntos de media por encima de la realidad.
2.Miguel Ángel Blanco, 25 años después
El magistrado Manuel García-Castellón ha admitido la querella de la asociación Dignidad y Justicia contra nueve exjefes de ETA por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, quien era concejal del PP en Ermua. Difícil olvidar el espanto de aquellos dos días de julio de 1997. El magistrado de la Audiencia Nacional, quien ya instruyó el sumario hace 25 años, va a investigar si los terroristas al frente de la banda dieron la orden de asesinar al edil o si son responsables por omisión porque podrían haber evitado su asesinato. Entre los investigados, históricos terroristas como Iñaki de Rentería, Kantauri, Anboto o Gadafi, nombres siniestros que durante demasiado tiempo ocupaban los titulares de los periódicos. El inexorable paso del tiempo no siempre es inexorable.
3. Un cuarto para la tele
El tamaño de las pantallas de televisión crece en magnituides inversamente proporcionales al tamaño de los pisos, que decrecen anualmente. Mientras que el nuevo estándar de las pantallas se sitúa ya en las 65 pulgadas, las viviendas de obra nueva en las que viven dos tercios de la población española van perdiendo metros: de 118,7 metros de media de 2017 a 108,1 en octubre de 2021. La cuestión ya no es quepan bien, mal o regular en salones de mediano o pequeño tamaño, es que los expertos avisan que dada la escasa distancia entre el espectador y la pantalla se pueden producir daños en los músculos de los ojos, el cuello y la espalda. Ojo -nunca mejor dicho- con los efectos indeseados de la obsesión por el tamaño.
4. Calor de invierno
El invierno pasado tuvo los días más calurosos de un invierno en 60 años. La Agencia Estatal de Meteorología registró las temperaturas máximas de la serie histórica, que tiene continuidad desde 1961. Se registró una media de 2,4º más que los valores que se consideran normales en esa época del año. En San Sebastián, los termómetros alcanzaron los 22º el 1 de enero, 12 más de lo considerado normal. En toda la España peninsular hizo mucho calor, calor extremo en algunos puntos del sureste y el Pirineo.
Solo fue normal en la depresión central del Ebro y algunos puntos del Mediterráneo en Andalucía. Fue muy cálido en Baleares -el dato más alto desde 1961- y muy cálido en Canarias. Las precipitaciones solo alcanzaron el 45% de lo habitual y la mayoría de cuencas están en situación de sequía meteorológica. Para la primavera se prevén menos lluvias de las habituales -y necesarias y más calor del normal. Bienvenidos a 2022, un año de vértigo.
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