Esa tecnología que nos cautiva y nos indigna

09 de marzo 2026 - 03:09

épica y estética al cuadrado. O al cubo. El deporte, cuando abre como la cola de un pavo real su mayor fuerza expresiva tiene un poder cautivador que magnetiza al más lego. No hace falta saber si la cadencia de pedaleo es buena, si ha metido el piñón adecuado. Vemos al que para muchos es el mejor deportista del momento, Tadej Pogacar (otros pueden pensar en Mondo Duplantis) de pie en su liviana bici, inyectándole los vatios que sólo son capaces de desarrollar sus piernas, y ese ejercicio, de por sí, atrapa nuestras miradas. La de cualquiera.

Y esa épica y esa estética se multiplican por sí mismas dos o tres veces cuando la escalada del fenómeno esloveno se extiende a lo largo de las empinadas y angostas calles de la vetusta y preciosa Siena, con los cordones del enfervorizado público a uno y otro lado (la gente entregada como figurante también actúa de imán para el telespectador) y con un dron sobrevolando la escena para que nos sintamos como curiosos pájaros dominando el momento.

El vídeo saltó en una red social de forma engañosamente fortuita (el algoritmo siempre tiene un motivo) y, tras disfrutarlo, pensé en las posibilidades que hoy nos brinda la tecnología para paladear las gestas deportivas. Y no sólo las actuales: como uno se pare a ver un montaje con las mejores asistencias de Larry Bird, pronto le sale otro montaje con los mates más bestias de Shawn Kemp o, por supuesto, los mejores bailes de MJ en sus imposibles penetraciones a canasta. Y en 8K.

Entre drones, cámaras superlentas, altísima definición o planos subjetivos, nos hemos entregado hasta a los exóticos deportes de invierno en los Juegos, de los que no sabemos ni las reglas más elementales.

Por eso duele más que nunca la contumaz Liga de dos velocidades que seguimos sufriendo en el fútbol español, con incomprensibles decisiones inducidas por el miedo al poderoso. Antes del VAR uno quería creer, aunque no lo creyera, que eran simples errores de apreciación. Ahora, con la tecnología, la farsa se ha terminado de abrir... como la cola de un pavo real.

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