Restauración Una nueva vida para el tranvía 314 de Sevilla

Pedro Barrero Ortega

Arquitecto. Profesor de la ETS de Ingeniería de la Edificación

Abriendo la puerta al debate

Se oyen voces en el barrio: ¿cómo veremos la Puerta de la Macarena después de las obras?

Desde que en el mes de agosto la conocida como Puerta de la Macarena se cuajara de andamios para su restauración, se oyen voces en el barrio que preguntan: ¿cómo la veremos después de las obras?

La de la Macarena es una de las puertas del antiguo recinto amurallado de la ciudad y uno de los tres únicos accesos existentes actualmente, junto al Postigo del Aceite y la cercana Puerta de Córdoba, con la que se une a través de un tramo de la muralla conservada.

Lo primero que habría que plantearse es si la restauración considera la puerta como un elemento que forma parte de un conjunto -el recinto amurallado- o si se trata de un elemento singular, como así lo era antes de la intervención. Hay que recordar que, antes del montaje de los andamios, la Puerta de la Macarena aparecía pintada de ocre y blanco, en tonos similares a los de la Basílica de la Macarena, con la que mantiene un estrecho vínculo. Un informe del alarife Francisco Romero, referido al desarrollo de las obras en Santa María de Utrera y fechado en enero de 1796, decía que las portadas estaban concluidas y "pintadas de cal de Morón y ocre, así por el estilo de las puertas de esta ciudad Macarena y Arenal". O sea, aparecía como un elemento independiente del resto de ese conjunto que apreciamos hoy en la textura de sus tapiales.

Si la elección está en función del conjunto, quizás habría que devolverle sus texturas pétreas, empleando materiales que le den esa apariencia. Si, por el contrario, se opta por la singularidad de la puerta, mucho tienen que decir los vestigios arqueológicos respecto a sus pinturas originales y la elección de los de la restauración. Parece que la limpieza durante las obras ha puesto de manifiesto colores como el rojo almagra, el blanco, el amarillo albero y, en algunos de sus elementos, líneas negras resaltando los almohadillados.

Quizás, procurando mantener esos estrechos vínculos, la elección de los colores en la restauración de la puerta también habría de incidir en los de la fachada de la Basílica que alberga la imagen de la Virgen de la Esperanza.

El proyecto de la restauración, redactado por los técnicos de la Gerencia de Urbanismo de Sevilla, indica que en los muros de fábrica se procederá a eliminar los añadidos ejecutados con morteros de cemento y su sustitución por morteros de cal. Por otra parte, está prevista la ejecución de una jabelga de cal como capa de acabado. Poco se aclara respecto al color en su aspecto final.

En mis paseos matinales, advierto que las muestras de los revestimientos se aproximan al rojo almagra, alternado con tonos pétreos en los apilastrados y poniendo en valor los ladrillos de sus cornisas. Si los vestigios arqueológicos y los técnicos responsables así lo aconsejan, habrá nuevo aspecto para la Puerta de la Macarena y, muy probablemente, para su reflejo más inmediato. Todos lo veremos. No en las fiestas de Navidad, como se estimaba inicialmente, sino en la próxima Semana Santa. Sevilla tiene un color especial.

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