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Tomás García

Álamos blancos históricos de Sevilla

El despoblamiento de álamos blancos ha determinado una regresión estética

07 de enero 2023 - 01:46

Elálamo blanco, Populus alba, crece de modo natural en los márgenes fluviales de los bosques de ribera en muchas regiones peninsulares, junto a sauces, olmos y fresnos. Resaltan en él los estampados níveos en su tronco verdinegro, los algodonosos frutos capsulares y el blanco piloso en el envés de unas volátiles hojas palmeado-lobuladas que ofrecen reflejos irisados cuando son mecidas por los vientos. Asociado al curso del Bajo Guadalquivir desde tiempo inmemorial, formaría parte de los paseos que integraron desde finales del siglo XVIII la denominada Alameda Nueva hispalense. Personajes célebres de la ciudad, como Gustavo Adolfo Bécquer en su juventud, frecuentaban esos senderos ribereños extramuros que se habían convertido poco a poco en lugares de reunión de clases medias y acomodadas ante la degradación progresiva que sufría la Alameda de Hércules (Alameda Vieja), con la invasión de gentes de mal vivir que propiciaban chanzas vulgares, desmanes y riñas.

El río discurría hasta el siglo XI por el casco viejo de la urbe y cruzaba la actual Alameda de Hércules, la cual mantuvo aguas cenagosas tras la espontánea deriva fluvial hacia poniente. La hedionda "Laguna de la Feria" resultante sería desecada en 1574 por el asistente y I Conde de Barajas Francisco de Zapata para transformarla en el Jardín de la Laguna, uno de los primeros de titularidad pública en Europa. Sería repoblado en 1764 con mil seiscientos álamos blancos, los cuales reforzarían su carácter popular al amparo de los aires ilustrados y transformaron el antiguo parque en un bulevar que llegó a poseer seis fuentes y varios estanques, siendo considerado el principal paseo arbolado de su época junto al del Prado madrileño.

Cientos de rústicos almeces prevalecen hoy en la masa arbórea marginal de la Alameda de Hércules junto a decadentes olmos, un par de vetustas acacias de tres espinas y varias jacarandas, manteniéndose en su franja central una treintena escasa de álamos blancos, plátanos de sombra, jóvenes bauhinias y raquíticos fresnos. El despoblamiento progresivo de álamos blancos ha determinado una sustancial regresión estética de la plaza y una escasez alarmante de sombra en su antiguo paseo central, habiendo perdido el halo romántico que desprendiera tan admirable paraje visitado por intelectuales, cantaores y toreros. Este grupo de álamos blancos en vías de extinción debería protegerse con su inclusión en el Inventario de Árboles Singulares de la ciudad, no sólo por su presencia testimonial como recuerdo del frondoso bulevar al que dio nombre y del cual era la especie emblemática, sino porque estos míticos árboles forman parte de la historia de Sevilla desde sus más remotos orígenes...

"Álamo caminero/ con lazo de primera comunión;/ gigante niño bueno/ en la procesión/ interminable del sendero.../ Álamo caminero,/ el del camino real;/ tabla rubia para un lecho nupcial;/ trinquete del velero/ que enarbola todos los sueños/ de la Mar" (Concha Espina).

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