¿Batalla entre personas y máquinas?

08 de julio 2010 - 01:00

LA convivencia y la habitabilidad del centro debe ganarse en beneficio de las personas y no en beneficio de las máquinas, como ocurre actualmente", ha dicho el concejal de Movilidad del Ayuntamiento al referirse al estrangulamiento del centro. Sin caer en la cuenta de que estaba dando un salto atrás de doscientos años y convirtiéndose en una reencarnación de Ned Ludd, padre del ludismo o movimiento de odio a las máquinas surgido en la Inglaterra de la revolución industrial en 1811 que, al extenderse a España, provocó los sucesos de Alcoy (1821), el asalto a la manufactura de Lacot en Camprodón (1823) o el incendio de la fábrica El Vapor de Bonaplata y Cía en Barcelona (1835). Por cierto que a la saga de estos Bonaplata -el patriarca José y sus tres hijos- que introdujeron en España la expresión "revolución industrial" perteneció el Narciso Bonaplata (1807-1869) que se afincó en Sevilla, creó la Fundición San Antonio en 1840, la más importante de la ciudad, en la que se fabricaron las piezas metálicas del puente de Triana, y junto a José María de Ybarra inventó en 1846 la feria de abril.

Porque este discurso simplista que enfrenta personas y máquinas plantea con criterios del siglo XIX problemas del XXI, tratando como lo distinto y hasta lo opuesto lo que resulta ser complementario. Una cosa es el uso abusivo y bárbaro de las máquinas -sean éstas coches u otras- y otra muy distinta es presentarlas como enemigas de los hombres en vez de como instrumentos que facilitan su vida. De máquinas están llenos los hospitales -y más que debería haber, para no demorar escandalosamente los servicios que prestan a los enfermos- y nuestros hogares, desde las de aire acondicionado tan necesarias estos días a las lavadoras o las neveras. El coche, máquina ciertamente odiosa, peligrosa, contaminante y abusivamente utilizada, es otra máquina cuyos servicios se han hecho imprescindibles.

Diseñar planes de restricción del tráfico en el centro sería una medida muy loable si se planificara racionalmente y no como una especie de ajuste de cuentas sans culotte contra los supuestos reaccionarios, privilegiados y votantes del PP que lo habitan (¿no se les perdona que en las últimas elecciones el Partido Popular ganara en el Casco Antiguo por un 56,41%, el porcentaje más alto tras Los Remedios y Nervión?). Las máquinas, en una sociedad racionalmente ordenada, están al servicio de las personas, señor concejal ludista y antimaquinista con dos siglos de desfase. Especialmente en lo que al transporte se refiere. Continuará mañana: me he quedado sin plaza de aparcamiento de palabras.

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