Fragmentos

juan ruesga navarro

Cafeterías en Sevilla

Quizás el mestizaje entre lo viejo y lo nuevo marque un buen camino

Como un indicio de cambio en los usos y costumbres, han abierto en Sevilla nuevas panaderías con amplios locales y variada oferta, que pudieran llenar el hueco que dejaron las cafeterías. Esos establecimientos que adornaban la vida de las clases acomodadas de las ciudades europeas, pensados para el café reposado, las meriendas familiares, nuevos noviazgos y siempre para las tertulias. Esas cafeterías que aquí dejamos marchitar al tiempo que muchas familias de mediana y buena economía abandonaban sus casas familiares del centro histórico para instalarse en Los Remedios.

Cambiamos la confitería y salón de té de La Española de la calle Tetuán por Nova Roma en la calle Asunción. La gente joven que paseaba de la Plaza Nueva hasta el Cristina parece que un buen día pasó de largo de Vía Véneto y la cafetería Coliseo y siguió hasta Los Remedios para ya no volver atrás. Las familias que compraban en Mantequerías Leonesas y La Colonial de la calle Tetuán dejaron de hacerlo para ir a los supermercados de El Corte Inglés. En el espejo oscuro de los años sesenta podemos reconocer esos momentos en los que abandonamos a su suerte la ciudad que habíamos recibido.

Un símbolo de todo aquello era el Gran Café Britz, situado en la esquina de Tetuán y Rioja, en los bajos del edificio que construyó Aníbal González. Con proyecto de un notable arquitecto, Joaquín Díaz Langa, y un gran trabajo de marquetería y metalistería, mármoles y arañas de cristal. Inaugurado en 1945, acompañó el lento desperezo de la posguerra y cerró en los finales de los años 60. En un largo adiós de esa Sevilla que acabó definitivamente con el derribo del Teatro San Fernando unos años después.

Hace pocos tiempo las franquicias han ocupado uno de los enclaves históricos desde finales del siglo XVIII: la Punta del Diamante. En el café que allí había se reunió la más famosa tertulia de ilustrados de la ciudad. Ahora vemos como surgen y se consolidan otro tipo de locales de nuevo cuño.

Panaderías como Crustum en la calle Cerrajería y Pan y Piú en calle Cuna. Más otros variados y coquetos locales con un buen café, bollería recién hecha, panes a la leña y bocadillos con todo tipo de ingredientes. Son frecuentados al alimón por visitantes y sevillanos que vuelven de otros lugares. Los hay en la Puerta de la Carne, en las calles Rivero y Regina. En las calles Huelva, Méndez Núñez y San Eloy. Nuevas confiterías en Carlos Cañal y San Pablo. Y en Pureza y el Mercado de Triana. En la calle Asunción aparecen locales para merendar, tras la peatonalización.

Como los clásicos San Joaquín de Alcalá de Guadaíra y La Rondeña de Sanlúcar de Barrameda. Quizás el mestizaje entre lo viejo y lo nuevo, entre las costumbres de los que nos visitan y los recientes hábitos y usos de los nuevos sevillanos, marque un buen camino.

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