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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Celaá, lo infinito y lo eterno

¿Que Celaá utilice una palabra con connotaciones religiosas vulnera la aconfesionalidad del Estado?

Refiriéndose a la postura del Gobierno ante la crisis catalana Celaá dijo que este "tiene la obligación de tener paciencia, toda, no digo infinita, porque es una categoría también religiosa…". Una anécdota, ya. Lógica -porque quien mucho habla mucho yerra- en quien es más la "únicavoz" que la portavoz del Ejecutivo dado el yuyuque le da a Sánchez (o a sus prudentes asesores: callado más guapo) comparecer ante la prensa y contestar sus preguntas por graves que sean los hechos, sustituyendo el plasma de Rajoy que tanto criticó por los tuits. Pero una anécdota reveladora de una mentalidad y un desconocimiento.

¿Qué pasaría si fuera una "categoría también religiosa"? ¿Sería inoportuno por políticamente incorrecto que la portavoz del Gobierno socialista de un país con la sana separación entre la Iglesia y el Estado utilizara una palabra que "también" tiene connotaciones religiosas? ¿Sería un imperdonable deslizamiento hacia la confesionalidad y el nacional catolicismo? ¿No podría decir más paciencia que Job, final apocalíptico, jeremiadas de la oposición, paraíso fiscal, lavarse las manos, está pasando un calvario, esto es un infierno, cayó en la tentación o una situación endiablada, expresiones todas tomadas por el habla común del universo religioso? Curiosa posición farisaica -ya se coló otra palabra que es "una categoría también religiosa"- de pureza laicista y apartamiento horrorizado de una impureza religiosa que debe excluirse del discurso y el espacio público.

Y lo peor es que además se equivocó. Según la RAE ninguna de las cuatro acepciones de infinito se relaciona con la religión. Ni la primera ("que no puede tener ni tiene fin o término"), ni la segunda ("muy numeroso o enorme"), ni la tercera ("lugar impreciso en su lejanía y vaguedad"), ni la cuarta ("última graduación de un objetivo para enfocar lo que está distante"). Me temo que la mujer confundió infinito y eterno. Lo infinito tiene una dimensión temporal y lo eterno no: es un presente absoluto e inmutable. Lo infinito no tiene fin, pero tiene principio, mientras que lo eterno no tiene principio ni fin. Por eso la eternidad es un atributo de Dios y pertenece al ámbito religioso aunque se aplique a la vida de las almas tras la muerte, a lo que se repite mucho y, coloquialmente, a lo que se prolonga demasiado. Por ejemplo: la tabarra catalana no es infinita, pero se nos está haciendo eterna.

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